Santa Fe - Organizaciones de ambientalistas y vecinos de Capitán Bermúdez mantienen firme un antiguo reclamo que parece no tener solución y enfrenta la falta de respuestas oficiales: en la ciudad vecina a Rosario continúan registrándose problemas en la salud de los habitantes, principalmente en las vías respiratorias, además de la presencia de «fuertes olores» que siguen impregnando cada rincón de la urbe, especialmente cuando el viento sopla desde el Este. Y todas las denuncias -sostiene el diario santafesino El Ciudadano- continúan apuntando hacia un lugar: la empresa Celulosa, productora de papel y pasta y, según su propia página de internet, con una capacidad de producción anual de 180 mil toneladas.
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Desde distintas ONG señalan que si bien la compañía ha dejado de usar cloro elemental como químico para blanquear la pasta de papel, cambiándolo por dióxido de cloro, un material menos contaminante, las condiciones del medio ambiente en esa localidad «distan de ser las ideales».
«Hace unos meses se hicieron unos controles del aire de la ciudad, a los cuales aún no hemos podido acceder. Pero entendemos que no deben haber dado muy bien porque los problemas de salud en la población siguen persistiendo tal como hace muchos años», detalló al diario santafesino la coordinadora del Área Tóxicos del Taller Ecologista y vecina de Capitán Bermúdez, Cecilia Bianco.
«Se nota mucho la falta de intervención estatal en estas cuestiones. Por eso nosotros insistimos en informar a las autoridades y a la población sobre la acción nociva de determinadas empresas contra el medio ambiente», dijo Bianco al ser consultada sobre los controles que deberían ejercerse desde el Estado, y luego aclaró que «la Nación estaría fuera de convenio, por lo que la responsabilidad de los controles estaría recayendo sobre la provincia y el municipio».
Por su parte, el titular del Taller de Comunicación Ambiental, Sergio Rinaldi, opinó que «si bien Celulosa ha hecho una reconversión tecnológica, se está lejos de generar las condiciones ideales para el medio ambiente». «Esa reconversión -explicó- se dio más que nada por la notoriedad que cobró el conflicto con la pastera de Botnia, en Uruguay, con los habitantes de Gualeguaychú. Este salto tecnológico lo dieron obligados por esta cuestión en las márgenes del río Uruguay. Igual, hay que aclarar que si bien estamos hablando de una mejora, estamos lejos de lo ideal».
«Esta planta deja décadas de pasivo ambiental porque trabajó con cloro elemental durante muchísimos años. Enfermaron la calidad de vida de muchísimas personas y no hay que olvidar el dato histórico de que fue una de las plantas denunciadas por Greenpeace a fines de la década del 90 por contaminar el río Paraná. También se han realizado presentaciones judiciales hace algunos años para detener la contaminación que causaba», subrayó. Por el lado de los vecinos, María, que vive a cinco cuadras de la planta, dice ser una experta en olores y asegura que tiene «detectados» cinco «aromas distintos» que surgen desde la planta. «El olor muchas veces se torna insoportable, queda impregnado adentro de las viviendas. Además, todo el mundo se queja de problemas en las vías respiratorias, de picazón en los ojos, en la piel, dolores de cabeza, descomposturas estomacales y muchos otros síntomas. Hay otra cosa que circula por todos lados, que se habla siempre en voz baja, y es que se han incrementado los casos de cáncer. Todos tienen un familiar o un amigo que se le murió de esta enfermedad», se alarmó ante El Ciudadano.
Y, utilizando el ejemplo de San Jorge, donde la Cámara en lo Civil y Comercial de la provincia dejó firme un fallo sobre el glifosato invirtiendo la carga de la prueba -son los productores sojeros los que deben demostrar que el agroquímico es inocuo y no los vecinos que les hace mal- indicó: «Si esta cantidad de casos no son ocasionados por esta empresa, deberían demostrar lo contrario. Vamos camino a la agudización de los problemas de salud».
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