Más allá de los desbordes que se dieron en algunos tramos de la larga caminata diurna de Binner, la ceremonia tuvo mucho de familiar, con escasez de banderas, más allá de algunas del Partido Socialista, marco de color rojo en el que surgió alguna de la CTA o de la Federación Tierra y Vivienda. Con una débil vigilancia de guardaespaldas se trasladó acompañado por su esposa Silvana. Cerca también se ubicaron siempre sus cinco hijos. La vicegobernadora Griselda Tessio también se mostró en familia, con sus cuatro hijos y cinco nietos. La dupla gobernante del Frente Progresista Cívico y Social -triunfaron en los comicios del 2 de setiembre derrotando a la lista del PJ encabezada por Rafael Bielsa- llevó en sus manos durante gran parte del día una rosa roja, el ícono del socialismo. La afabilidad de Binner también se reprodujo en sus ministros y en las figuras que acompañaron su asunción, entre ellos la gobernadora electa de Tierra del Fuego, Fabiana Ríos, y el intendente de Morón, Martín Sabbatella. También sumaban sonrisas los intendentes electos de Rosario, Miguel Lifschitz, y Santa Fe, Mario Barletta, así como el titular del Partido Socialista, Rubén Giustiniani, y la titular del INADI, María José Lubertino. También hubo enviados de la Cancillería de Italia y de estados subnacionales de México y Uruguay. Desde el país oriental viajó además Mariano Arana, ministro de Tierra y Medio Ambiente que prefirió eludir la polémica por Botnia y el frontal discurso de Cristina sobre el presidente Tabaré Vázquez de la víspera. Como ausencias se anotó la falta de figuras socialistas internacionales, como el ex presidente chileno Ricardo Lagos, a quien Binner admira y hasta citó en su discurso: «Hay que gobernar pensando no en las próximas elecciones, sino en las próximas generaciones».
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