Santa Cruz - El justicialista Daniel Peralta, quien el pasado domingo tomó las riendas de la provincia como flamante gobernador electo, tras un mandato de transición de cerca de siete meses, aseguró que buscará sacar a Santa Cruz «del modelo de generación de empleo público» que la caracteriza. En esa línea, valoró una política que apunta a «empezar a dibujar en Santa Cruz un perfil energético», y que tendrá un capítulo clave mañana, con la rúbrica en Río Turbio del contrato de construcción de una usina termoeléctrica que, una vez terminada, hará un importante aporte de electricidad al sistema interconectado nacional. Quien fue ungido por el otrora presidente en mayo pasado para reemplazar a Carlos Sancho, en medio de una ola de protestas gremiales, destacó el viaje de la ex primera dama -también viajaría el ex presidente- como «un gesto de gran respaldo y de gran apoyo» para su gestión. El ex interventor de Yacimientos Petrolíferos Río Turbio resaltó que la promoción de obras energéticas «es la forma en que nosotros podemos radicar industrias, especialmente electrointensivas, como el aluminio», para enfrentar el hecho de que, tradicionalmente, en la Patagonia «el empleo más reclamado es el empleo público». «Volvimos a imponer la presencia del Estado en la provincia, pero orientado ahora a la generación de actividad privada, que es la forma de cambiar el modelo y buscar la industrialización», explicó.
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Presupuesto «El presupuesto de construcción de la central térmica de Río Turbio es más grande que el presupuesto de un año de la provincia, y esa plata la pone el Estado nacional», especificó el gobernador respecto de las obras, que arrancarían en marzo y que demandarían cerca de cuatro años. «Poner a nuestro carbón por fin en valor, convertirlo en energía, es para los mineros y los pueblos de la cuenca carbonífera un horizonte de 50 años de explotación y de trabajo estable y previsible», destacó. Sin embargo, los críticos denuncian que la proyectada megausina no cuenta con el respaldo de estudios de impacto ambiental y ponen en la mira además los costos de construcción. Aseguran en ese sentido que el emplazamiento debe ser otro, a partir de potenciales efectos negativos sobre el agua que se consume en la capital provincial, y que proviene del río Gallegos y sus efluentes. Según la mirada de los ambientalistas, parte de los desechos diarios que generará la usina terminará en esos cursos de agua, mientras que además advierten sobre la posibilidad de que se desaten «lluvias ácidas» por el dióxido de azufre y el nitrógeno que -dicen- liberará la usina. Frente a la polvareda que levantó la iniciativa, el proyecto fue adormecido durante la campaña electoral, ya de por sí agitada por otras pretensiones del oficialismo fuertemente cuestionadas y cuya aprobación legislativa hoy es una asignatura pendiente, como la renegociación de la concesión de la petrolera Pan American Energy y la proyectada puesta en obra del dique Los Monos.
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