3 de agosto 2006 - 00:00

Superávit no ayuda a mejorar empleos

Las últimas informaciones dadas por el gobierno nacional dan cuenta de que el superávit fiscal no sabe de fracasos. Las autoridades nacionales informaron, en efecto, que la recaudación impositiva de julio habría alcanzado a los 12.200 millones de pesos, lo que implica una suba del orden de 20 por ciento en relación con igual mes del año pasado. Un logro sin dudas relevante que debe servir para el desarrollo social.

Los éxitos del gobierno en materia de recaudación tributaria no tienen traspiés y avanzan sin dificultades. Ciertamente, se trata de éxitos plausibles que llevan no sólo tranquilidad a las arcas estatales, sino a excedentes como pocas veces en la historia del país de los últimos años. Por ejemplo, se ha hecho conocer hace pocas horas que los ingresos fiscales de 2006 ya se ubicarían cerca de 82.500 millones de pesos, 21 por ciento por encima de lo atesorado durante los siete primeros meses del año pasado.

En concordancia con este logro gubernamental, muchos sectores económicos del país han crecido también y gozan de utilidades que hacía mucho tiempo estaban ausentes en sus asientos contables. A decir verdad, el superávit fiscal no es más que una consecuencia del crecimiento económico privado.

Este crecimiento económico que beneficia a muchos operadores privados y al propio Estado, sin embargo, es una figura gratificante que está ausente en buena parte de la sociedad, que aún se debate en condiciones de vida paupérrimas y en una desprotección preocupante.

  • Fragilidad

  • La frágil estructura del mercado laboral, por ejemplo, es una realidad nefasta que aún no puede ser vencida. No sólo que el nivel de la desocupación sigue siendo alto, sino que la calidad de la ocupación es en muchos casos muy pobre. Cuando se habla de calidad de la ocupación debe entenderse por tal al nivel salarial, el empleo declarado y los montos salariales hechos conocer a los sistemas de seguridad social.

    Debe decirse que los niveles de trabajadores no declarados, conocidos vulgarmente como «en negro», son altísimos e igualmente de elevados son los guarismos de empleados que trabajan ocho o doce horas diarias pero que los empleadores, para pagar menos «cargas sociales», hacen figurar como empleos de media jornada. Por otra parte, la escena nacional muestra a un sinnúmero de jóvenes desocupados. Todo esto atenta, al fin, contra el goce del beneficio de la jubilación en el futuro.

    Una medida conocida en los últimos días que adoptó el gobierno nacional debe ser aplaudida y es la llamada inclusión previsional. Por ella, aquellos que no reúnan 30 años de aportes pero tengan la edad requerida, esto es 65 años los hombres y 60 las mujeres, podrán acogerse a los beneficios de la jubilación.

    De manera que el superávit fiscal debe tener una clara orientación que no debe ser otra que coadyuvar a una gran porción de la sociedad que, por el imperio de políticas equivocadas y actitudes mezquinas, está sometida a un tremendo desamparo. En ese aspecto, es menester al mismo tiempo alentar inversiones y conceder créditos blandos para la producción que tiendan a transformar una situación social signada hasta hoy por un mercado laboral endeble que, sin dudas, impide el crecimiento deseado del mercado interno.

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