En aquellas provincias que no renovaron aún autoridades locales, los candidatos a gobernador radicales quedaron en una situación más que incómoda tras el duro traspié de Ricardo Alfonsín en las primarias del pasado domingo.
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Allí, el postulante presidencial por Unión para el Desarrollo Social cosechó un magro segundo puesto con el 12,17% de los votos, muy lejos de Cristina de Kirchner (FpV, con el 50,07%) y apenas arriba de Eduardo Duhalde (Alianza Frente Popular, con el 12,16%).
Con Alfonsín concentrando ahora, en los hechos, sus esfuerzos en la disputa por las bancas en el Congreso, los ucerreístas que pelean una gobernación quedaron sin un arrastre de mediano peso desde arriba y ya alientan -en voz alta o por lo bajo-a la ciudadanía a cortar boleta para elegirlos en el plano local y tener libertad de acción para definirse en el rubro presidencial.
Un caso emblemático se vive, por caso, en Mendoza, donde a ese escenario se suma además la amenaza de los intendentes del centenario partido de adelantar las compulsas comunales respecto de la votación provincial y nacional del 23 de octubre para « municipalizar» la contienda y escapar al halo electoral negativo que rodea al radicalismo a nivel país. Pionera, la ciudad de Mendoza sufragará el 28 de este mes.
El castigado en este caso es Roberto Iglesias, quien pretende volver a liderar los destinos mendocinos frente a la aspiración del justicialista Francisco Pérez, el candidato del saliente Celso Jaque.
Anoche los principales referentes y candidatos de la UCR se disponían a evaluar, en un cónclave partidario, la estrategia a seguir.
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