El Gobierno se encuentra en una encrucijada. La falta de dólares lo llevó a restringir las importaciones de autos por todas las vías posibles. Una, por ejemplo, fue a través de una profundización de la presión tributaria a través de los Impuestos Internos, un gravamen que nació pensado para el segmento de los 0 km de lujo pero que, por las necesidades económicas, está castigando a modelos de nivel medio. El objetivo inicial, mediante una base imponible lógica, atacaba exclusivamente a unidades importadas, salvo la excepción de la Toyota SW4, con un precio que estuvo siempre entre los afectados por el tributo. La suba de precios -impulsada por el superdólar- amplió el universo de modelos que pagan Internos o están próximos a pagar. La semana pasada, en Ámbito, se publicó un listado de vehículos que están en ese límite. En esta especie de “impuestazo para todos”, el problema que se está generando es que el gravamen ya está alcanzado a modelos de producción nacional. Pero eso no es todo. Lo más delicado es que también castigará a vehículos que todavía no salieron a la luz pero que serán el resultado de inversiones millonarias que están en curso. El ejemplo más claro es el del Volkswagen Taos que se presentó la semana pasada y que saldrá a la venta en los próximos meses. También el proyecto que tiene GM en la planta de Santa Fe sería otra de las víctimas. En una charla con la prensa, el CEO regional de la marca alemana, Pablo Di Si, y el presidente de la filial argentina, Thomas Owsiansky, reiteraron que están en negociaciones con el Gobierno para que su modelo no sea alcanzado con ese sobrecosto ya que, al encarecer al producto, las ventas en el mercado interno serían menores a las inicialmente estimadas. No es la primera vez que desde la automotriz se habla de esas negociaciones. Ya en febrero pasado, en esta columna, se informó sobre este tema. Hoy, con el Taos hecho realidad, los tiempos se acortan y la necesidad de definiciones son mayores.

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