El crecimiento económico autosostenido y perdurable exige una cuota importante de confianza en las instituciones fundamentales del país por parte de la población en general y en particular, de los miles de protagonistas de los diversos sectores productivos. El flujo de inversiones externas, poderoso motor innovador para aumentar la eficiencia, tardará un tiempo prolongado para recuperar importancia en el país.
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En consecuencia, las inversiones inevitables que se requieren en todo proceso productivo, deberán provenir del ahorro interno y éste no se volcará al sistema financiero, mientras no exista seguridad jurídica plena y una estabilidad macroeconómica controlable, con un horizonte previsible, para que los negocios puedan planificarse nuevamente a mediano y largo plazo.
Además, es impostergable realizar una reforma administrativa del Estado que reduzca su carga sobre una sociedad que ya no lo puede sostener y, al mismo tiempo, cumpla eficientemente con sus funciones indelegables y genere el superávit fiscal necesario para negociar razonablemente con los acreedores internos y externos. Conjuntamente, en materia tributaria, simplificar el sistema y disminuir la enorme presión fiscal existente sobre los sectores más dinámicos, permitiría fomentar la reinversión, retomar el camino del crecimiento y recuperar la confianza en las propias fuerzas.
• Ejemplo
Debe tenerse en cuenta que el sector agropecuario está dando un ejemplo digno de destacarse, al mantener un área sembrada similar a la de la campaña pasada, es decir, cercana a las 26.500.000 hectáreas, pese a todas las incertidumbres e inconvenientes que surgieron como consecuencia de la indisponibilidad de depósitos, la devaluación desordenada de principios de año y la inexistencia, casi absoluta de financiamiento bancario, desde entonces.
¿Cómo pudo lograrse esto, mientras otros sectores se derrumbaron estrepitosamente? La explicación es muy sencilla: la gente de campo reinvirtió los recursos obtenidos por la venta de su producción, que en muchos casos se revalorizó en pesos. El nivel de inversión esperado para la presente campaña ronda los 3.000 millones de dólares, más de 10.000 millones de pesos, incluyendo las labranzas, la semilla y los agroquímicos que se utilizarán para la producción de los cuatro cultivos principales: soja, girasol, trigo y maíz.
Esta demostración inequívoca de reacción positiva hacia la reactivación merece ser apreciada debidamente para evitar medidas que, originadas en una exacerbada voracidad fiscal, aborten prematuramente toda expectativa favorable. Esta reflexión surge para prevenir los efectos negativos que provocarán la aplicación de la normativa actual en materia de Impuesto a las Ganancias y a los bienes personales.
En efecto, el aumento en pesos de los bienes que se produce como consecuencia de la devaluación, es ficticio, ya que si se lo compara a valor dólar, en realidad han disminuido.
Al considerar las existencias iniciales y finales con un mismo signo monetario (pesos), pero con distinto valor intrínseco, aparecerán ganancias ficticias por tenencia, sobre las que habrá que tributar injustamente, con la consecuente descapitalización del sector y esto restará impulso a nuevas inversiones.
El agro, con sus importantes dotaciones de bienes de capital y de evolución, requiere que se valúen sus existencias iniciales y finales en forma racional y equitativa, sin las distorsiones que provoca la depreciación monetaria y por eso es imprescindible aplicar un ajuste por inflación para corregir estas desviaciones impositivas no deseadas.
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