Montevideo - La carne importada desde la Argentina ha impactado fuertemente en el mercado local al venderse 20% menos al público minorista. La Asociación Nacional de Carniceros (ANC), conformada como una sociedad anónima en la que los accionistas son los propios comerciantes, ingresó 10 toneladas de pulpas -peceto, bola de lomo, cuadril y tapa de cuadril- para reimpulsar las ventas que se habían achicado por el elevado precio de la carne uruguaya -favorecido por la entrada en el mercado norteamericano-, lo que generó una fuerte puja entre los frigoríficos, apoyados por el ministro de Agricultura, Martín Aguirrezabala, y los carniceros. Actualmente, Uruguay le vende a Estados Unidos por casi u$s 360 millones que corresponden a carnes contra u$s 139 millones a la Argentina por todo concepto, y es casi nula la compra de carne uruguaya. En el comercio bilateral, hay superávit para el vecino país por u$s 160 millones. Las exportaciones de carnes uruguayas ascienden hasta la fecha a u$s 418 millones. En ese marco, las presiones de los carniceros y del gobierno argentino -que pujó por colocar más exportaciones en este país a cambio de liberar su mercado a productos uruguayos, como pueden ser las bicicletas- permitieron que Uruguay acepte abrir parcialmente su mercado mediante la autorización de una primera compra de 30 toneladas que llegarán -una ya se concretó- en tres embarques sucesivos.
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La experiencia está resultando un éxito ya que el kilo de pulpa argentina se vende a unos 99 pesos uruguayos (9,90 pesos argentinos) contra 120 uruguayos que se pagan por los mismos cortes de carnes nacionales. Los carniceros no sólo proyectan más compras a la Argentina, sino que quieren importar ganado en pie desde Brasil para industrializar localmente aunque a precios aún más inferiores por la diferencia de calidad entre las carnes brasileñas y las argentinas.
Los frigoríficos uruguayos presionaron bajo el argumento del peligro de la aftosa por el recelo que existe en los países desarrollados sobre los controles sanitarios en la Argentina. Uruguay responsabiliza a sus vecinos por el contagio de esa fiebre que se produjo en el año 2000 pese a las excelentes relaciones bilaterales entre ambos gobiernos y a la amistad personal que existió entre Jorge Batlle y Fernando de la Rúa. El presidente uruguayo le reprochó duramente a su colega rioplatense por haberle ocultado información vital sobre la existencia de un brote de aftosa en la provincia de Corrientes que luego se pasó al Uruguay. Las culpas recayeron en el ex secretario de Agricultura, Ganadería y Pesca del gobierno radical Antonio Berhongaray. El crecimiento de las exportaciones a la Argentina durante este año por u$s 120,6 millones -36,9% más que en 2003- achicó el desequilibrio de la balanza de intercambio pese a las restricciones que comenzó a poner el gobierno argentino a determinados productos uruguayos, como las bicicletas de Motociclo SA, una empresa cuyos directores mantienen estrechas relaciones con altos dirigentes del Partido Colorado (al extremo de que el propio Batlle llegó a pedir por ellas cuando repitió su presentación de cartas credenciales el embajador Hernán Patiño Mayer durante el actual gobierno de Néstor Kirchner, como antes lo había hecho por Eduardo Duhalde y Carlos Menem).
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