«Pero, ¿qué van a hacer con la plata?» La pregunta de uno de los invitados a la primera conferencia de prensa del Instituto de Promoción de Carnes Vacuna alteró los ánimos. Productores e industriales exponían sus pensamientos, algunos más concretos que otros, pero el cuestionamiento, simple y preciso, generó una puja por el micrófono que terminó de desbarrancar la cuestión: «Si usted pregunta si hoy tenemos un plan, la respuesta es no. En 6/7 meses tendremos resultados de los trabajos que realizamos ahora», respondió enfático Enrique de León Belloc, la aparente voz cantante de este instituto que tiene como presidente a Arturo Lavallol, representante de la Sociedad Rural Argentina. Un poco antes, otro industrial, Miguel Schiariti, había dicho que «el instituto es articulador de políticas y no hacedor de políticas. Cada uno tiene una idea pero una política no se desarrolla en un laboratorio. Hay ideas concretas para generar una política para los próximos 20 años...». Ideas existen, quedó evidenciado cuando se habló de la necesidad de afianzar la cuestión sanitaria, apuntar a la inocuidad de alimentos, apuntar a los nuevos mercados pero también quedó en evidencia que no lograron aún generar un conjunto de pautas uniformes que demuestre hacia qué dirección apuntará la promoción de la carne argentina.
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En realidad, la impresión que quedó es que «ideas» sobran pero no hay coordinación y mucho menos plan.
Es más, las dudas internas sobre la concreción de la «idea» del instituto quedó evidenciada cuando Mario Raiteri, presidente de la cooperativista Coninagro, sacudió con «cada tres años la Asamblea debe reunirse para determinar la continuidad del instituto. Como productores no vamos a permitir que se distorsionen los objetivos, que se malgaste el dinero de nuestros productores agropecuarios. Si esto llegara a ocurrir vamos a impulsar su liquidación». El mensaje, al menos en su parte más «políticamente correcto», fue apoyado públicamente por Lavallol a pesar de que en el aire quedó flotando la posibilidad de que alguna entidad decida alejarse del instituto si no se cumplen los fines para los que fue creado. Según la ley, cada 3 años se puede llegar a liquidar el ente y los fondos recaudados pasarían al INTA. Nada menciona la ley de las disidencias y de la renuncia de una entidad.
• Recaudación
El Instituto de Promoción de Carnes, se informó, recaudará alrededor de $ 22 millones como consecuencia del aporte de $ 1,25 por cada cabeza de hacienda que venden los productores y $ 0,55 que pagarán los frigoríficos por cada animal que va a faena.
Debido a las críticas y alertas que surgieron por el destino y administración de los fondos, y por las trabas que genera el pago de este «impuesto» a la promoción los integrantes del IPCV (también estaban presentes Martín Garciarena -CRA-; Fernando Giono -Coninagro-; y Angel Vitale -CADIF-) los integrantes del IPCV reconocieron los problemas -ya anticipados por este diario- que existen en varias localidades del país para concretar los pagos correspondientes.
Aunque nada dijeron de la irregularidad implícita en el hecho de que ya hay productores pagando en algunas zonas y en otras no, la conducción del IPCV salió a pedir «colaboración y paciencia a los productores» mientras Confederaciones Rurales Argentinas (CRA) hacía pública, en el mismo momento, una carta enviada al SENASA en la que reclamaba la aceleración de los mecanismos de cobro. Una señal más de que los eslabones de esta cadena de la carne juegan su partido por separado.
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