La actividad en el ámbito local granario volvió a resultar inexistente; algo bastante parecido a lo que viene ocurriendo en las últimas siete semanas, entre feriados cambiarios y bancarios, falta de decisión y precisión respecto de la política financiera de exportaciones e inactividad en los mercados de futuros y de contado.
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En tanto, los mercados del exterior siguen especulando con el tamaño de la cosecha de la región y esto determina altibajos en las cotizaciones de soja. Sin embargo, cabe aquí acotar que mucho del optimismo de la futura cosecha sudamericana ya está incluido en los precios actuales. De confirmarse más adelante el éxito de la cosecha brasileña y argentina, sería posible asistir a escenarios de precios más flojos, con riesgo de testeo del área de u$s 4 por bushel o de testear nuevamente el punto bajo observado durante el año 1999. Generalmente, febrero no resulta ser siempre un mes feliz para las cotizaciones de soja que pocas veces mejoran los precios antes de la primera quincena de marzo. La cosecha comenzó hace quince días en los estados del norte del Brasil y ya se habría recolectado entre 3% y 4%. El IBGE estima una cosecha de 42,1 millones de toneladas y el Departamento de Agricultura de los Estados Unidos (USDA) la pondera en 42,5 millones. Algunos privados entienden que estos datos son muy conservadores y prefieren pensar en una cosecha de 44 millones de toneladas, bastante por encima de la del año anterior que reflejó una producción de 37,5 millones. Respecto de la Argentina, los cultivos se encuentran atravesando la etapa crítica de crecimiento sin mayores dificultades; el USDA proyecta que lograremos 28,75 millones de toneladas y las mismas fuentes privadas proyectan 29,5 millones. Entre los argumentos bajistas de la plaza se comentaba que el tamaño de las cosechas de esta región del mundo podría presionar desfavorablemente las cotizaciones a partir del momento de su disponibilidad, en marzo próximo.
· Factor
Otro factor desfavorable es la posición de China, con referencia a los materiales transgénicos, que podrían debilitar relativamente el poder de compra proyectado y las dudas relativas al crecimiento económico mun-dial que podrían generar escasa demanda de harinas y aceites vegetales.
Se comentaba la semana, pasada además, el impacto que podría tener en los productores agropecuarios de nuestro país un tipo de cambio único y flotante; en general se especulaba con que este factor genera-ría liquidaciones retenidas de mercadería, además de una importante extensión en el área a sembrar en la próxima campaña, aunque en el exterior no se aprecia acabadamente el efecto del «corralito» como elemento limitante de ventas en el media-no plazo.
Entre los factores positivos para la evolución de los precios, habría que citar el fuerte crecimiento mundial del uso de soja y sus derivados, la posibilidad de que los EE.UU. no puedan crecer nuevamente en sus stocks finales en esta campaña y un aumento muy exiguo en el área a dedicar con soja por parte de los productores norteamericanos.
Algunos estudios que circulan en el piso de Chicago y que establecen una línea histórica con lo acontecido en el mercado cash de maíz de los últimos 13 años, consignan que se aproxima la época en la cual esta plaza comienza a estabilizarse a partir del 6 de febrero. Algunos apuestan a pensar que este año no será una excepción, máxime teniendo en cuenta la flojedad que la plaza experimentó durante todo el mes de enero. En los próximos 30 a 45 días se debatirá la próxima siembra en los EE.UU. Desde la implementación del «Farm Bill» en 1996, los productores cuentan con mucha flexibilidad para sembrar el cultivo de su elección. En los últimos años, la soja avanzó sobre el maíz, pero existen algunos factores para pensar que debido a factores de rotación de cultivos, mucha área vuelva a ser implantada con el grano forrajero durante la próxima temporada.
Por supuesto, esto dependerá del clima durante la época de siembra; en la campaña anterior se intentaba dedicar más área con maíz, pero el clima reinante en marzo lo impidió, fundamentalmente en el norte del «corn belt», y determinó cambios en esta intención hacia el cultivo de soja.
· Ritmo
En trigo, el ritmo de ventas de los productores de nuestro país permanece paralizado, con buenos requerimientos de demanda doméstica por parte de la molinería. En los EE.UU., el área de trigo de invierno implantada resultó ser nuevamente menor, aunque esto no determinó mejoras sustanciales en los precios, básicamente porque la demanda sigue bastante inactiva. Desde 1998, los stocks mundiales de trigo han venido declinando y tampoco este detalle despertó demanda adicional. Actualmente, las existencias finales se ubican en algo más de 153 millones de toneladas, pero se requeriría una declinación de entre 15 millones a 20 millones para generar algún entusiasmo alcista. La ubicación de los stocks también cobra importancia en virtud del perfil exportador de cada país y de la calidad que pueda ofrecer. Las exportaciones combinadas de los EE.UU., Canadá, Australia, la UE y la Argentina representan 80% del comercio mundial.
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