3 de noviembre 2003 - 00:00

Dicen en el campo...

... que, tal como se publicó la semana pasada, parece que avanza el desmembramiento del Ministerio de la Producción bonaerense. La aparente idea del gobernador, Felipe Solá, sería volver al esquema anterior, «elevando» otra vez a ministerio el área de Asuntos Agrarios, lo que recortaría fuertemente el poder del actual titular del área, Rafael Magnanini. De hecho, el comentario en la capital provincial, es que la relación entre ambos no atravesaría su mejor momento, y hasta se habla de que Magnanini estaría estudiando alejarse del cargo. En ese caso, la reciente renuncia del ex titular del INTA, Jorge Larreche, del entorno histórico de Solá, y que reportaba en la cartera de Magnanini, favorecería las versiones de su eventual titularidad en un refortalecido Asuntos Agrarios, aunque otros creen que podría «ascender» a Agricultura de la Nación, ante el eventual alejamiento de Miguel Campos, quien también fuera «sugerido» por Solá. Sin embargo, no hay constancia de que, ahora, ni el presidente Néstor Kirchner, ni el ministro de Economía actual, Roberto Lavagna, estén tan receptivos a las sugerencias bonaerenses como en mayo pasado.

... que, el aumento de comentarios de este tipo, sumados a la «locuacidad» de algunos funcionarios de tercero o cuarto nivel de la Secretaría de Agricultura, mantienen el ambiente enrarecido en la cartera rural de la Nación, a pesar de que la primera línea parece haberse llamado bastante a sosiego, al menos, en su imagen «para afuera». Pero, la desconfianza se «huele en los pasillos», reconocía un burócrata de larga trayectoria en Paseo Colón (sede de Agricultura) y esa sería una de las principales razones (sumada a la falta de training y hasta de conocimiento de algunos de los responsables) del «parate» que están sufriendo algunos programas y decisiones estratégicas para el sector. Algo similar también ocurre en el SENASA que, actualmente, excede holgadamente el concepto de «sanidad» en el que parecen haberse estancado algunos de sus responsables. Naturalmente para su titular, Jorge Amaya, el tema no es menor dada la magnitud, ritmo y presencia del organismo, más semejante a un Ministerio que a la Secretaría de Ambiente por la que pasó antes, y mucho menos que el INTA de Bariloche en el que transcurrió una parte importante de su vida profesional. Parece que esto lo lleva a frecuentes reacciones «explosivas» que, obviamente, corren como reguero de pólvora por los pasillos. Mientras, tanto el tema de la Hilton entre los frigoríficos, la falta de noticias sobre el reingreso de la carne argentina a Chile, o la ausencia de novedades sobre la ampliación de restricciones a la Unión Europea (por ejemplo, nunca se explicó por qué se agregaron Jujuy y el Chaco a la provincias inhibidas de entrar con carne a Europa), entre otros temitas, siguen presionando a los funcionarios.

... que, llama la atención la «desaparición» pública del INTA donde nadie sabe que está pasando (mucho menos, que va a pasar). Aunque el «silencio» de las actuales autoridades es prácticamente hermético, los técnicos tratan de mantener las líneas de trabajo, a pesar de la «acefalía» de instrucciones o definición del marco de actividad. El asunto, además, parece ser contagioso pues tampoco el Consejo, que componen representantes de todas las entidades del sector, emite ningún sonido y no es, justamente, porque el organismo no tenga nada que decir pues, las situaciones de sequía, inundaciones, mortandad de hacienda, incendios rurales, etc. hacen que, en la actualidad, la palabra del mayor organismo técnico del sector cobre particular relevancia. Y, mucho más, si se considera que cuenta con un presupuesto que excede los 100 millones anuales...


...que, dados los extraordinarios precios internacionales de la soja, más de un productor comienza a mirar con atención el «atraso» relativo en el que cayó el maíz. Tanto es así que mientras la posición mayo '04 de la oleaginosa en Chicago aumentó u$s 82 por tonelada desde principios de agosto al viernes pasado, el maíz marzo en la misma plaza sólo subió 9 dólares por tonelada, es decir, un aumento de 42% versus apenas 13% del cereal. Naturalmente, la tendencia se mantiene en el mercado local. También llama la atención la ampliación de la brecha entre las cotizaciones de la soja en los Estados Unidos y en el mercado local que, en agosto, rondaba los 43 dólares y ahora ya supera los u$s 80, a pesar de que las condiciones climáticas locales no son, exactamente, óptimas. Lo real es que la cuenta que sacan los productores es que, dadas las adversas condiciones de siembra en la mayoría de las zonas maiceras, y la ampliación de la relación de compra a favor de la oleaginosa (en agosto con una tonelada se soja se compraban cerca de 2 toneladas de maíz, mientras que actualmente ya se rondan los 2,8-3), naturalmente se debe esperar una afirmación de la demanda del cereal, que deberá acercar más los precios entre ambos productos.

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