•... que a pesar de la conmoción que provocó entre los ganaderos la reaparición de la aftosa en territorio argentino, la sensación que prima entre los productores es de enojo (y no sólo con los funcionarios) y de descreimiento sobre la información oficial hasta el momento relativa a la, para muchos, «oportuna» situación planteada ahora. La suspicacia proviene de varios frentes, casualidades, repeticiones de hechos, etc. que llevan a que para más de uno el tema «no cierre». Por supuesto, en los primeros momentos nadie sabe muy bien dónde pararse, pero no son pocos los que proponen un frente común para llegar al fondo de la cuestión que, en definitiva, pasa por saber «cómo» llegó el virus a la Argentina. Obviamente, las alternativas no son tantas y, en general, bien conocidas, al menos en lo que a operatoria se refiere. A partir de allí surgen varias cuestiones como las irregularidades detectadas en otras provincias del Norte que ya llevan más de dos meses de procedimientos (y más de 5.000 cabezas faenadas), la actitud adoptada por los jueces federales de esas provincias ( especialmente por la similitud y la coincidencias con hechos ocurridos en 2000 y 2001), etc. Pero además de todo esto, lo que pocos están evaluando, incluido el gobierno, son las graves derivaciones que puede tener el tema, algunas de las cuales ya comienzana perfilarse, con el despido de alrededorde 60 empleados de un frigoríficodel Norte, situación que se ampliaría a otras plantas y que justifica el rápido pedido de rebaja de los impuestos a la exportación de 15% a 5%, y de la reinstalación de los reintegros recientemente eliminados a la actividad, hecho por los industriales exportadores a la ministra Felisa Miceli. La titular de Economía recibió una carta del mismo tenor de parte de la poderosa CARBAP. Pero éste no es el único conflicto que se enfrenta. También algunos de los intendentes y gobernadores más avispados ven acercarse nubarrones amenazantes, pues seguramente la recaudación de impuestos y tasas puede comenzar a resentirse.
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•... que uno de los casos más emblemáticos en este sentido es la provincia de Buenos Aires y su cuestionado aumento del Impuesto Inmobiliario Rural, que ya había disparado recursos de amparo de parte de productores bonaerenses, aun antes del jaque que ahora les impondrá la aftosa. El cuestionamiento básico que se le hace a la medida del gobernador Felipe Solá es que la justificación oficial para los aumentos (de hasta 120%) es la suba de la « productividad», lo que implicaría una doble imposición ya que tales beneficios estarían alcanzados por el Impuesto a los Ingresos Brutos. Lamentablemente, éste no sería el único caso de «doble imposición» ya que para algunos la tierra soporta hasta tres gravámenes simultáneos. Naturalmente, lo que muchos productores sospechan es que la avidez por recaudar se debe, en gran parte, a la falta de ajuste de los gastos públicos de la mayoría de las provincias (y de la Nación), sumada al hecho de que éstas no reciben nada por las retenciones que, en definitiva, son recursos provinciales que van a parar a las arcas del gobierno central. Para compensar, se aumenta la presión sobre los contribuyentes y como, en general, los políticos resisten mucho tomar tal decisión en los grandes centros urbanos, donde las reacciones son mucho más «ruidosas» y mediáticas, lo hacen sobre el interior, mayoritariamente agropecuario.
•... que los productores sumidos hoy en una gran incertidumbre, especialmente los ganaderos y los tamberos, que ven que ante el imparable afán oficial de recaudar y el permanente aumento de costos sus números van pasando del «azul al rojo», además del enojo comienzan a tomar determinaciones prácticas y a reclamar por gastos que no les generan ningún beneficio. Algunos ya llegaron al punto de mudarse a producir a Uruguay, donde, sin duda, es más difícil y los rindes promedio son menores, pero donde están compensados por la seguridad jurídica, la estabilidad en las reglas del juego y la mucho más lógica presión impositiva (por ejemplo, tienen prohibidas las retenciones por ley). Otros volvieron a replanteárselo y los más extremos llegan al límite de analizar, directamente, la venta total o parcial de sus establecimientos. El problema es que todo el sistema comienza a resentirse, ya que no pocos, intentando dilatar estas posiciones extremas, siguen achicando costos y comienzan a recortar algunas inversiones imprescindibles, tal el caso de las sanitarias. Lo que puede terminar en el agravamiento de la situación. Informate más
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