24 de septiembre 2006 - 00:00

Dicen en el campo...

Javier de Urquiza
Javier de Urquiza
  • ... que, aunque el gobierno nacional, especialmente los funcionarios de la cartera de Agricultura, parecen «autistas» y, por ejemplo, todavía no habrían registrado siquiera la feroz sequía que afecta a vastas zonas del país, las pérdidas ganaderas crecen en forma geométrica. Es que, por un lado en varias zonas es el segundo o tercer año con déficit hídrico, por lo que no había demasiadas reservas de forrajes y alimentos para la hacienda como para paliar una situación tan extrema como la actual. Para colmo, la falta de precipitaciones en invierno coincide con el período más crítico de las vacas: el fin de la preñez y la parición. Ahora, con los terneros al pie, con poco o ningún alimento y casi sin aguadas, los productores ganaderos hacen malabares para, aunque sea, salvar los vientres, y no son pocos los que ya decidieron, incluso, suspender los servicios por el mal estado corporal del rodeo. De ahí que no sólo se están perdiendo kilos, sino también está en juego parte de las pariciones del año próximo, lo que agudizaría la estrechez de oferta que viene mostrando la ganadería local.

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  • ... que, si bien la seca es bastante generalizada, hay regiones peor que otras. Entre las primeras, se ubican varios departamentos chaqueños donde, por caso, la falta de agua es tan pronunciada que los establecimientos agropecuarios deben «comprar» el vital fluido en los pueblos, ya no para los cultivos o la hacienda, sino para poder atender las necesidades mínimas del personal. También se comenta que ya se registran daños en instalaciones como galpones, silos o casas, que se resquebrajan por el asentamiento del suelo ante la aguda compactación, por la seca, que están teniendo los terrenos. En Formosa, incluso, se llegó a inventar un sistema para sacar a las vacas empantanadas que, en su desesperación por el agua, se meten en barriales que fueron otrora aguadas naturales y que, sin ayuda, quedan atrapadas hasta morir. Hasta el Paraná registra una inédita bajante que llevó su nivel, hasta ahora, a apenas 10-15 cm por sobre su récord de baja en 1940, cuando en Rosario se ubicó a sólo 1,47 metro. Ante esto, las complicaciones de navegación (y los sobrecostos), especialmente de los buques graneleros y de subproductos, son obvias (aunque las autoridades parecen desconocerlas también), al punto que hasta las lanchas de pasajeros entre ambas márgenes del río debieron suspender sus servicios, como ocurrió entre Reconquista (Santa Fe) y Goya (Corrientes).

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  • ... que, mientras los productores argentinos parecen estar soportando «las 7 plagas de Egipto» (si no es el gobierno con sus « creativas» medidas, es el clima o ambos), los ganaderos bolivianos (que tienen otros problemas con la administración de Evo Morales) están de parabienes por los muy buenos precios que reciben por su ganado, y se suman inversiones en la actividad, ya que, incluso, están exportando, como se sabe, con valores internacionales muy atractivos. ¡Hasta su vecino, Paraguay, es uno de sus importadores! (!!!). La Argentina, mientras tanto, mira... Por eso, también, sorprendió la demorada transcripción de una de las escasas reuniones de la Comisión de Agricultura de la Cámara de Diputados de la Nación, a fines de agosto, a la que asistió el subsecretario de Agricultura, Javier de Urquiza, ya que allí, entre otras cosas, afirmó, enfático, que «(la Argentina) no perdió mercados; perdimos operaciones», en alusión a los costos de la inédita veda a las exportaciones de carne vacuna que impuso el gobierno en marzo pasado. La interpretación oficial fue casi tan sorprendente como el reconocimiento de la legisladora Marina Cassese, miembro de esa comisión, quien, al preguntar a De Urquiza, señaló: «No soy una mujer muy identificada con el campo».

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  • ... que mañana puede ser un día clave, tanto para la lechería como para el futuro, inmediato, de la ganadería. Es que se producirán sendas reuniones entre los distintos eslabones de cada una de esas cadenas para tratar de destrabar los conflictos. En el primer caso, llamativamente, parece que no va a haber presencia de autoridades nacionales, lo que ya acotaría la posibilidad real, de avances concretos. Es que, por un lado, los tamberos reclamarán recomposición en los precios que reciben por la materia prima, hecho que la industria intentará resistir, aunque sabe que, si no mejoran los ingresos del tambo, se podrían profundizar más aún las pérdidas de producción causadas, entre otras razones, por la seca, y ninguno de ellos quiere enfrentar un déficit de materia prima (leche). Allí, además, se cruzarán los reclamos por los «escraches» a las usinas y por los comentarios industriales contra la producción. En definitiva, la diferencia no debería ser entre ellos, sino con el gobierno que no permite trasladar los mayores costos hacia el consumo, por lo que la industria trata de acotar sus pagos, al menos, por la materia prima a los tamberos cuando, en realidad, debería insistir frente a las autoridades y corregir «para arriba» y no para abajo.

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  • ... que en materia de carne (vacuna) ocurrirá algo similar, ya que los frigoríficos y las entidades de la producción (CRA, Rural y Coninagro) intentarán «consensuar» una propuesta, aunque aquí es más difícil, ya que los dirigentes rurales difícilmente puedan suscribir cualquier forma de restricción o intervención al mercado, como precios máximos (o de referencia, como los llaman en el gobierno), recorte de exportaciones, etc., y se sabe que el único objetivo de la administración Kirchner es el « mantenimiento barato», sin fluctuaciones alcistas, en el precio de 12 (sí, doce) cortes a nivel del público. Parece que en ese rubro tampoco trabajaron demasiado sobre el tema de las diferentes categorías, ya que se sabe que la hacienda pesada de exportación no es la que consume mayoritariamente el público local, y no está muy claro el rol de Lealtad Comercial y Defensa del Consumidor para controlar que, efectivamente, lo que se dice que se vende sea lo que efectivamente se vende, especialmente en los cortes de las categorías más caras de consumo, como el ternero o la vaquillona, o también las irregularidades impositivas en varios eslabones comerciales de la cadena de la carne, y estos dos últimos ítems son responsabilidad exclusiva del gobierno. ¿Pero se van a contemplar en el acuerdo?, y, si no se hace, ¿cómo y qué se puede acordar? Hoy por hoy, lo único claro es que con todo el manoseo del mercado, el precio de la hacienda bajó, pero no ocurrió lo mismo a nivel de los consumidores y nadie explica dónde quedó la diferencia. También quedó expuesto que no son los productores de hacienda, justamente, los formadores de precio, por lo que mal podrían suscribir cualquier pacto en ese sentido. ¿Y qué pasó con el cuarteado y la venta mayorista de cortes que permitiría distribuir con más eficiencia los cortes que demandan las zonas más populares y las de poder adquisitivo más alto? ¿También está en el acuerdo o será más de lo mismo?
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