6 de noviembre 2006 - 00:00

Dicen en el campo...

Jorge Amaya
Jorge Amaya
  • ... que, como una «fisura» en el Sistema Sanitario Nacional, fue calificado por autoridades del SENASA el todavía no explicado rebrote de aftosa en Corrientes del pasado mes de febrero cuando, teóricamente, la totalidad del rodeo local había recibido al menos 500 millones de dosis de vacuna antiaftosa desde el brote anterior en 2001. Como si no bastara, el director nacional de Sanidad Animal del organismo, Jorge Dillon, adelantó que las pruebas realizadas ahora en Corrientes, en la zona afectada, indican «ausencia de actividad viral». ¿Eso mismo no era lo que decía también el informe de diciembre del año pasado, y apenas 15 después apareció el brote (ya que cuando se detectó, en febrero, varios animales presentaban lesiones viejas)? Pero éstas no son las únicas inconsistencias, ya que llamativamente la última misión de inspección de la Unión Europea acaba de pedir la «ampliación» de la zona de control de 25 kilómetros sobre la frontera (que está a cargo del SENASA), a toda la extensión norte, inclusive, rodeando totalmente el departamento chaqueño de Bermejo. Y prometieron «volver» en unas semanas más. El asunto generó revuelo en las provincias del Norte, y distintos tipos de denuncias, ya que la franja de extremo control se da contra un país (Paraguay) que según los organismos internacionales es «libre» de la enfermedad. «Esto demuestra que son todos unos mentirosos», se ofuscó un importante ganadero de la región, que cuestiona fuertemente la fragilidad de todo el sistema de control.

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  • ... que no es éste el único problema que enfrenta Jorge Amaya, titular del organismo. Es que en los últimos días circuló un mail con graves denuncias de irregularidades en su área que van desde las designaciones arbitrarias de nuevos funcionarios en las direcciones nacionales, hasta la del jefe de Gabinete, Carlos Milisevic que, según el informe, ostenta un cargo «inexistente en la actual estructura del organismo» (el decreto vigente -el 1.585- sólo reconoce presidente, vice y consejo de administración). A pesar de esto, también circuló una larga carta interna enviada a todas las reparticiones del SENASA, firmada en primer término justamente por Milisevic, por Carlos Casamiquela (vicepresidente) y, en último término, por Amaya, y cuyo objetivo no quedó demasiado claro. Algunos hasta lo interpretaron como una señal de debilidad. Es que después de afirmar, por ejemplo, que «el estatus sanitario que exhibe la Argentina es el mejor de los últimos años» (justo cuando hace 15 días apareció un nuevo positivo a nitrofuranos en miel en una partida que fue a España, según consigna la página de la UE), y recorrer varias actividades, señala el presupuesto de u$s 100 millones del organismo (más de una tercera parte aportada por el Tesoro), y destaca la cancelación de deudas, lo que, aparentemente, y a pesar del abultado monto, según el decir de algunos acreedores, no es así. También anuncian otra nueva licitación «para la informatización del servicio», tema ya encarado por varias gestiones previas y que esta vez, según trascendió, tendría un costo de alrededor de u$s 4 millones, y hasta hablan de «la entrega de vehículos para el interior del país» que, lamentablemente, parece que aún no llega a varios de los lugares más críticos. Para finalizar la misiva, de 5 carillas, las autoridades hacen un llamado (al personal) «para que no nos traicione la ansiedad», y consideran que con todas las acciones encaradas se logrará «la masa crítica necesaria para transformar al SENASA en un organismo confiable, eficiente y transparente» (sic).

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  • ... que, a pesar de que ya se completó la ronda de reuniones entre la ministra Felisa Miceli y cada una de las entidades del campo (la última, esta semana y con «estricto» control mediático fue la de la Federación Agraria de Eduardo Buzzi, con quien Miceli tuvo recientemente un encontronazo poco feliz, aunque aseguran que «no se habló del tema»), prácticamente no hay expectativas de algún anuncio que tienda a corregir, al menos, algunas de las graves distorsiones que vive el sector. «Hoy hacer ganadería es una locura. Se invierten dólares y se sacan pesos», se quejaba un productor al analizar los datos que indican que, más de 60% de la Pampa Húmeda está arrendado, y no justamente para hacienda. Por eso, también se comprende que el hombre asegurara que «hoy, un novillo pesado no aparece ni en fotos», y que el mercado haya comenzado, lentamente, a tonificarse, aunque tratando de no exceder -oficialmente- los $ 2,40 el kilo vivo (menos de u$s 0,80) que marcó el gobierno. Pero ante el déficit, la demanda, siempre muy creativa, encontró distintas alternativas para pagar más, como la bonificación de fletes, los plazos de pago, etc. El asunto es no irritar al siempre irascible secretario de Comercio, Guillermo Moreno, que sigue manteniendo su « pulseada» con la ministra Miceli. «Ese es un tema menor. Llévenselo a Economía», le habría respondido a un grupo de empresarios del sector que le reclamaban ciertas correcciones para mejorar los costos de producción. Tal vez por eso, dicen, el hombre, que anunció que por estos días iba «a llover gasoil» (algo que todavía no está ocurriendo en muchas zonas productoras), no convoca a laboratorios, semilleros, etc., ya que su preocupación no pasa por el hecho de que muchos insumos ya estén como en el 1 a 1, o que haya déficit de algunos de ellos, o que se encarezca la producción. Lo suyo sólo pasa porque el aumento de costos no se traslade a los precios al público.
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