Dicen en el campo...
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Eduardo Buzzi
... que por el camino también habría quedado el proyecto de Ley de Arrendamientos, que se debería haber tratado para el 10-15 de agosto. Un verdadero engendro según la versión que manejaba el oficialismo y que sólo hubiera servido (si eventualmente se votaba) para complicar todavía más un mercado como el de alquiler de campos que, este año, ya se encuentra significativamente complicado. Pero como el proyecto parece que apuntaba más a quebrar el frente de las entidades del campo, consiguiendo la voluntad de la Federación Agraria que conduce Eduardo Buzzi, lo que, finalmente, no ocurrió, el mismo gobierno parece haber desactivado el proyecto, al menos, por ahora. Pero claro, es apenas un tema ríspido menos, frente a un cóctel casi explosivo: sequía, frío, suba en los costos de los insumos, agudización de la liquidación ganadera (algo que el reaparecido secretario de Asuntos Agrarios bonaerense, Fernando Vilela, parece haber descubierto recién ahora), un más que magro resultado en lechería, donde se sigue sin acuerdo oficial con las entidades mayores, y ni hablar, de la propuesta para abaratar los fertilizantes, básicamente nitrogenados, que el sector está tomando casi como una afrenta. Y eso, por citar sólo unos pocos temas en carpeta.
... que, gracias a Dios, nevó en Córdoba, y la propia naturaleza terminó controlando el incendio que arrasó miles de hectáreas en la provincia mediterránea. Es que, esta vez, los otrora verborrágicos secretario-general de la Presidencia,Florencio Randazzo; y su compañera, la entrerriana secretaria de Ambiente, Romina Picolotti (que sigue sin explicar qué sucedió con los centenares de contratos que su repartición pasó por la Fundación Argentina cuando Cheppi dirigía el organismo técnico), brillaron por su ausencia.
... que, donde hay menos expectativas de recuperación es en el SENASA. Allí, su presidente, Jorge Amaya, está perdido desde hace meses, y ahora se rumorea que estaría a punto de jubilarse: «¿de qué?», fue el sarcasmo de un dirigente del sector. Pero el mar de fondo ya se escucha hasta la vereda de Paseo Colón. Por caso, parece que recortaron viáticos y «requeridos» (una « institución» que permitía mejorar sensiblemente los sueldos), y ahora los técnicos se niegan a viajar, no importa el nivel que tenga el encuentro, mientras los trabajos se encuentran sensiblemente atrasados, las carpetas se acumulan (en el mejor de los casos), y a veces también se pierden en tanto descontrol. Además de auditar todas las exportaciones agroindustriales, el SENASA debe controlar la totalidad del tema alimentario (todavía sigue pendiente ordenar las irregularidades del laboratorio de Martínez, que cobraron ribetes de escándalo), las enfermedades animales y vegetales, y casi 300 laboratorios de productos veterinarios. Sin embargo, mientras las lógicas exigencias se multiplican (algunas por presión internacional), los controles se dilatan en el tiempo, y el cumplimiento del propio organismo deja bastante que desear. En todo caso, la transparencia de las acciones parece estar en decadencia, y eso desde el brote de aftosa de febrero de 2006 (que nunca se explicó) cuando no se dejó ingresar a los veedores internacionales. Los conocedores dicen que algo similar pasa con los controles de fabricación de los prohibidos harina de hueso y de carne, y de otros productos. ¿Será el vicepresidente Carlos Casamiquela la solución al estado del SENASA, o se deberá nombrar, también aquí, un verdadero técnico y administrador?



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