Economías regionales también son marginales
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Las economías regionales, como las producciones de legumbres, yerba y cítricos, motorizan
pueblos y regiones pero, a veces, no son alcanzadas por las políticas públicas.
¿En qué coinciden los poroteros de Salta y de Jujuy con los algodoneros de Chaco y Formosa, los productores de azúcar y limones de Tucumán, los de maní de Córdoba, la lana en la Patagonia, el ajo y la fruta seca en Mendoza y San Juan, el tabaco en Misiones? Ellos tienen en común haber colocado únicamente con su esfuerzo a nuestro país, en cada uno de los casos mencionados, entre los principales exportadores del mundo y son ellos los verdaderos productores de las economías regionales.
Para lograr la sustentabilidad de estas economías es necesaria una actitud decidida de todos los poderes del Estado. Son los legisladores de cada provincia productora los que deberían intervenir como sucede en todos los países con riqueza agrícola en un bloque sólido para defender con una sola voz las políticas de producción de sus provincias haciendo valer sus votos en las cámaras como escudo ante la indiferencia del poder central. Son también los gobiernos provinciales quienes deberían tomar una actitud enérgica en defensa de sus producciones y de sus fuentes de trabajo, y es el gobierno nacional que debería cumplir el rol de orientador fijando las estrategias necesarias para acompañar el crecimiento y el desarrollo de las regiones más alejadas de los centros económicos de nuestro país.
Hay datos sobre las economías regionales que son abrumadores. Este sector es fuente de trabajo directo de más de 120.000 personas, pero lo importante es que son labores que no se desarrollan en los cordones industriales de las grandes ciudades sino en las mayores lejanías desde Tartagal hasta la Patagonia y actúan como la única fuente de arraigo del hombre con su tierra siendo una suerte de barrera para esa dolorosa emigración continua que está creando una suerte de subcultura en los suburbios de las grandes ciudades.
Es importante subrayar que el total de esta imposición fiscal para todo este sector es de alrededor de 60 a 70 millones de dólares anuales es decir aproximadamente 0,20 por ciento de todas las exportaciones argentinas, y por ese valor estamos excluyendo cada año un importante número de puestos de trabajo, expulsándolos de sus entornos donde esas economías son las únicas alternativas de supervivencia y con una caída importante en las producciones. Solamente en poroto en Salta en 1998 se sembraban 400.000 hectáreas y este año se sembraron 220.000. Hace muy pocos años este producto se exportaba por alrededor de 250 millones de dólares, y este año quizás alcance los 110 millones. Hace sólo 5 años la Argentina era el segundo exportador mundial y hoy es el sexto. Y todos éstos no son ejercicios académicos o modelos de simulación sino el resultado de una política fiscalista que no alcanza a discernir entre la necesidad de los recursos y la diferente realidad de cada sector.
Resulta evidente que el crecimiento de la mayoría de las economías regionales no fue acompañado por un plan estratégico que permitiera adoptar políticas comerciales, riesgos, previsiones y todos aquellos elementos necesarios para poder competir en el mercado internacional con las herramientas que manejan otros países.
Más bien este desarrollo, cuando se dio, no fue armónico, ni tampoco formó parte de un modelo de crecimiento, si no que toda la planificación fue concentrada en el sector privado, sin que ésta haya podido contar con el apoyo político esencial en esta era, para bien o mal globalizadora. Las economías regionales tienen limitantes comunes para debatir y resolver desde una responsabilidad compartida entre el gobierno nacional, los gobiernos provinciales y el sector privado:
1) Las grandes distancias que separan a las áreas de producción con los centros de consumo nacionales e internacionales y en función de éstas la necesidad de realizar una política multimodal que aumente la oferta y complemente los medios de transporte.
2) La falta de diseño de un sistema federal de planificación, que contemple las necesidades en cuanto a las normativas impositivas, las relaciones laborales y sanitarias entre otros.
3) Dificultad de acceso al crédito como herramienta indispensable para el desarrollo.
4) A los altos riesgos climáticos de mercado se suma la inexistencia o elevado costo de las empresas de seguro agrícolas lo que impide la cobertura de las inversiones que se llevan a cabo.
5) Escasa disponibilidad de información de precios sobre los mercados, lo que lleva a un crecimiento o caída desordenada en las producciones según el caso y poca diversificación productiva.
6) En el caso de porotos, la escasa o nula inversión en investigación y desarrollo en tecnología genética que ha provocado un retroceso de las áreas cultivadas a favor de cultivos como la soja donde, por el volumen de negocio, sí se han hecho y a la fecha compite por la superficie de estos productos en desigualdad de condiciones (a pesar de las retenciones).
Nuestra patria es única en muchas cosas y esto debemos agradecerlo cada día, pero también es ¡el único país del mundo donde se cobran retenciones generalizadas a la exportación!
La época está definiendo un nuevo camino para el país. La eliminación de las retenciones a las economías regionales operaría como una señal clara para que este sector pueda ser partícipe de los cambios y sobre todo para que esta fuerza productiva se integre desde todos los confines de nuestra patria como un motor de crecimiento viable y sentir en cada producción rural, en cada provincia, el centro económico, social y cultural de nuestra nación.



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