Washington (Bloomberg) - Agricultores de Estados Unidos están instando al gobierno del presidente George W. Bush a que tome medidas contra Brasil, diciendo que sus agricultores están pirateando soja genéticamente modificada de Monsanto Co. Los agricultores de EE.UU. le dijeron a la oficina del representante comercial, Robert Zoellick, que los brasileños están desafiando la prohibición de su gobierno de cultivar organismos genéticamente modificados (OGM) al plantar semillas biotecnológicas sin pagarle derechos a Monsanto y luego vendiendo las cosechas como «libres de OGM». «Los agricultores brasileños roban las semillas y después venden las cosechas más caras», dijo Ron Heck, un granjero de Perry, Iowa, que es vicepresidente de la American Soybean Association, una asociación de plantadores de soja que representa a 26.000 agricultores. «No es una buena situación para mí, y no es una buena situación para Monsanto».
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Las acusaciones ocurren en momentos en que arrecia la competencia por exportaciones entre EE.UU., el mayor productor mundial de soja, y Brasil, el segundo. La cosecha de soja fue de u$s 15.000 millones en EE.UU. el año pasado, superada en valor únicamente por el maíz, y las exportaciones representan cerca de un tercio del tonelaje vendido. Muchos clientes globales, China entre ellos, son reacios a aceptar la nueva tecnología. Brasil prohíbe la soja transgénica, si bien reconoce que fue plantada en una zona del sur y sobre la frontera con la Argentina y Paraguay, donde esas variedades son comunes. La embajada brasileña en Washington se negó a comentar.
Con la modificación genética, las plantas de soja pueden resistir las aplicaciones de Roundup, el herbicida más vendido de Monsanto. «Hay agricultores que están usando la tecnología sin pagarnos», dijo la portavoz de Monsanto, Lori Fisher. La empresa busca un arreglo en Brasil «que sea justo para todos los agricultores al tiempo que proteja la propiedad intelectual de nuestra tecnología». La American Soybean Association acusa a los agricultores de Brasil de tomar semillas de los cultivos de la Argentina, donde la soja transgénica es legal, y plantarlas en Brasil. Los agricultores de EE.UU. le pagan a Monsanto un derecho de $ 16 por hectárea por las semillas, además del costo de éstas, dijo la asociación. «Si uno roba la tecnología, no paga el costo de la misma», dijo Peter Thornton, gerente de marketing para Asia del grupo.
• Competencia
La cuota de EE.UU. en las exportaciones mundiales de soja bajó a 43 por ciento el año pasado, desde 60 por ciento en 1997, por la mayor competencia de la Argentina y Brasil, según la Comisión de Comercio Internacional de EE.UU. «EE.UU., Brasil y la Argentina son los únicos exportadores», dijo Tim Hannagan, analista de Alaron Trading Corp. de Chicago. «Compiten directamente con nosotros.» Plantar cultivos genéticamente modificados supuestamente les permite a los agricultores de EE.UU. ser más productivos. Los agricultores deben evaluar esos beneficios contra el riesgo de no poder vender sus cosechas en Europa o en partes de Asia. China, el mayor mercado para los exportadores de soja de EE.UU., se cerró temporalmente en marzo de 2002, porque aumentó el control de los cultivos transgénicos. Eso hizo caer 19 por ciento las ventas de soja a China en 2002. China permitió la reanudación de las importaciones en junio, siempre que los embarques tuvieran un certificado de seguridad de EE.UU. También es difícil vender esos productos en Japón. En el gobierno de Brasil hay desacuerdos en cuanto a autorizar los cultivos transgénicos. El presidente Luiz Inácio Lula Da Silva coincidió con la ministra de Medio Ambiente, Marina Silva, al decir en marzo que el gobierno pondría en vigor una prohibición que data de hace ocho años. No obstante, el ministro de Agricultura, Roberto Rodrigues, dice que la soja genéticamente modificada probablemente representará 10 por ciento de las exportaciones brasileñas este año. El gobierno dejará que esas cosechas se vendan antes que enfrentar el costo de compensar a los agricultores por destruir los cultivos.
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