3 de diciembre 2002 - 00:00

El agro contribuye a estabilidad cambiaria

La estabilidad cambiaria y, por ende, de precios se explica básicamente por la liquidación de divisas por exportaciones agropecuarias. Y es bueno que ello lo sepa el sector responsable.

Cuando se dispuso la obligación de liquidar las divisas agrícolas en el Banco Central, a mediados de año, hubo un cambio de tendencia en el valor del dólar y, así, se originó una suerte de círculo virtuoso en la economía en general. Desde ese momento, de perder divisas, este organismo pasó a ganarlas, y ello fue por el aporte decisivo de los dólares del agro.

En tal cuadro, el Banco Central ha podido contar con una oferta diaria de dólares que le permite mantener una estrategia de flotación sucia en un nivel próximo a $ 3,5 por unidad de dólar.

La mayor oferta de granos y de subproductos, junto a la suba de precios internacionales, el abrupto crecimiento en el saldo de la balanza comercial y la fuerte absorción de fondos, con altas tasas de interés, trajeron una precaria pero real estabilidad, que está durando más de lo que muchos economistas vaticinaron, porque éstos no supieron evaluar su importancia.

• Inédito

En los últimos cinco meses, más de 60% del aporte de divisas al Banco Central han venido del sector agropecuario y la tendencia es creciente ya que últimamente cerca de 70% proviene del campo. Este aporte es inédito a esta altura del año, pues lo usual es que en el último cuatrimestre, por razones estacionales, haya una visible baja.

El campo deber tener en claro que, en este momento, su papel es más que relevante en el desarrollo general de la economía. En rigor si hay una esperanza clara de salir de la crisis ahora, es porque el agro está haciendo un aporte extraordinario.

La suba de precios en todos los commodities agrícolas vino como anillo al dedo al gobierno, porque buena parte de la cosecha no había sido vendida por parte de los productores dada la elevada incertidumbre existente en los primeros meses del año. Los desastres climáticos en las mayores zonas de producción en el mundo, con la consecuente baja en los stocks granarios y, la apreciación de varias de las monedas de Asia y del euro fundamentan tales alzas internacionales.

Dentro de un esquema de mínima estabilidad, el aparato productivo ha comenzado, por cierto muy tibiamente, a recuperar movimiento de la mano del sector agroindustrial y de la producción primaria.

El nivel inusitadamente bajo del crédito, para toda la actividad productiva afectó y afecta de forma contundente a su evolución; ello, más la incertidumbre, es lo que no está permitiendo que, todavía, ella capitalice la devaluación.

La falta de crédito tanto a los compradores como a los productores de maquinarias para que recompongan capital de trabajo o adquieran insumos está imposibilitando aprovechar la mejora de rentabilidad potencial a consecuencia de la devaluación.

El problema es claramente grave para las empresas pequeñas y medianas puesto que las multinacionales pueden acceder al crédito de sus matrices internacionales.

Dado que el aparato productivo nacional se encuentra todavía en buenas condiciones y altamente subocupado, y, por sobre todo, el sector agroindustrial y petroquímico, según sean las autoridades que surjan el año que viene, puede esperarse una visible recuperación, a partir del bajo nivel de la actualidad, con una alta probabilidad de ubicarnos, en poco tiempo, en el mismo nivel de PBI del año 1998. Y, en su mayor parte, este panorama puede ser posible por la producción agroindustrial.

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