6 de diciembre 2005 - 00:00

El etanol, oportunidad para productores

Robin Guyer, directivo de Lincolnland Agri-Energy, una compañía establecida en Palestine, Illinois, que produce etanol a través del proceso de molienda seca de maíz, estuvo en Buenos Aires invitado por MAIZAR «para transmitir una experiencia modelo». Fue uno de los oradores del VIII Congreso Nacional de Maíz, organizado por los ingenieros agrónomos bonaerenses el mes pasado. En el último newsletter de la entidad se publica una entrevista que le realizó Julián Martínez Quijano y que se reproduce.

Robin Guyer, directivo de Lincolnland Agri-Energy, una compañía establecida en Palestine, Illinois, que produce etanol a través del proceso de molienda seca de maíz, estuvo en Buenos Aires invitado por MAIZAR «para transmitir una experiencia modelo». Fue uno de los oradores del VIII Congreso Nacional de Maíz, organizado por los ingenieros agrónomos bonaerenses el mes pasado. En el último newsletter de la entidad se publica una entrevista que le realizó Julián Martínez Quijano y que se reproduce.

Su relato es un ejemplo de los logros que puede alcanzar un grupo de productores medianos que decide enfrentar el problema de la extinción de su propia comunidad rural, abandonada por la juventud, que encuentra en las ciudades mejores oportunidades, y así descubre que tiene en sus manos un yacimiento de energía que puede explotar. ¿El secreto del éxito? En primer lugar, consiste en convertir los sueños en realidades. La historia de Robin Guyer se asienta en una sólida base, un estudio de factibilidad que avaló la rentabilidad de un proyecto de desarrollo industrial que hoy se ha cumplido con creces.

Periodista: ¿Cómo reunieron los fondos necesarios para llevar a cabo el proyecto?


Robin Guyer:
La inversión fue de 58 millones de dólares. Sabíamos que el banco nos iba a financiar 60% de esa suma, y lo que teníamos que hacer era juntar 24 millones. Pero nuestro propósito fue tratar de involucrar en el proyecto a la mayor cantidad de productores; por este motivo se estableció una cuota mínima muy baja para participar, con un valor de 7.500 dólares, suma que cualquiera podía pagar o conseguir como crédito. Al colocar nuestro maíz en la planta de etanol podíamos agregarle valor a nuestra producción. Con este plan y esta simple historia salimos a convencer a otros productores para que invirtieran y así poder cubrir los 24 millones que faltaban. Poco a poco nuestro grupo creció a más de 450 inversores. Algunos invirtieron el mínimo de 7.500 dólares, varios oscilaron entre esa suma y 100.000 dólares, y además encontramos cinco inversores grandes que pusieron 250.000 cada uno. En dos meses juntamos 16 millones y afortunadamente surgió un inversor que puso los 8 millones restantes.

Logramos lo que parecía imposible en alrededor de dos años, desde cero hasta la realización del proyecto, luego un año y medio para conseguir la financiación, y el mismo lapso para la construcción de la planta. Hemos generado nuevos puestos de trabajo en nuestra comunidad, le agregamos valor a nuestro maíz, a los productores y la comunidad. Hoy ya estamos pensando nuestro segundo proyecto. Tan pronto como se pueda veremos qué más podemos hacer.

P.: ¿Los estudios de factibilidad que ustedes realizaron les garantizaban el repago del capital en un plazo razonable?


R.G.:
Esta es la parte más interesante de todas, porque en realidad nos fue muy bien. Estimábamos recuperar lo invertido en 9 años, pero en sólo 16 meses que llevamos fabricando etanol ya devolvimos al banco 25 millones e invertimos otro millón y medio para elevar nuestra capacidad de almacenaje a 20.000 toneladas de maíz, que alcanzan aproximadamente para 15 días de producción. No se necesita mucho más. En nuestra región, los productores manejamos extensiones pequeñas, por lo general con capacidad propia para almacenar toda la cosecha.

La producción de etanol se disparó a partir de que la Clean Air Act descubrió que el MTBE era cancerígeno y no biodegradable, por lo que su residuo quedaba alojado en las napas por más de 500 años. La prohibición del uso de MTBE generó que se incremente la demanda de etanol como aditivo oxigenante de las naftas, y ahora atravesamos un período de transición.

• Negocio

P.: ¿Recibieron alguna clase de ayuda por parte del gobierno?


R.G.:
El etanol está exento de impuestos sobre los combustibles, pero ése no es un beneficio directo para nosotros sino para las compañías petroleras. Hoy el gobierno no ofrece incentivos impositivos, dado que el interés por construir más plantas ya está difundido, y va más allá de las ayudas económicas. En Estados Unidos la industria de etanol ya es un negocio en sí misma. Pero tenemos un permanente contacto de ida y vuelta con los funcionarios públicos, todos me llaman por mi nombre de pila, y conjuntamente acordamos los pasos a seguir.

P.: ¿Cuáles son los beneficios que determinaron el impulso que brindó EE.UU. al desarrollo de la industria de etanol?

R.G.:
A fines de los años '70, con la crisis del petróleo y filas de autos esperando en las estaciones de servicio, pensamos que una industria de etanol podría funcionar. Por otra parte, hace tiempo que en los EE.UU. tomamos conciencia de la vital importancia que tiene el uso de combustibles renovables y amigables con el medio ambiente. Pero básicamente las principales causas que originaron este desarrollo son: aire limpio, menor dependencia del petróleo extranjero y la evolución de las economías agropecuarias regionales.

P.: Acerca del desarrollo del emprendimiento, parecería que la historia de las asociaciones de pequeños productores para montar una empresa reproduce el empeño y espíritu fundacional de EE.UU. ¿Es así?


R.G.:
El proyecto se origina cuando con un grupo de inversores, mayormente productores agropecuarios de la región, comenzamos a interesarnos en el tema y luego de varios años de encuentros y cientos de horas voluntarias investigando y discutiendo el proyecto, decidimos llevarlo adelante. En la década del '70, nosotros ya habíamos advertido que las industrias que transforman el maíz en proteínas animales iniciaban un cambio. Recuerdo que la primera frase que surgió fue «agregado de valor». Mi padre y mi abuelo agregaban valor a su producción de maíz dándosela a los pollos, al ganado o a los cerdos. Pero nosotros necesitábamos algo diferente. Ante la necesidad de reducir las emisiones de gases de efecto invernadero que generan cada vez más los automóviles, la industria volvía a verse promisoria. De este modo comenzamos a pensar que, aunque pareciera imposible, éste era el proyecto que necesitábamos.

Ahora planeamos montar una planta para producir aceite de maíz a partir del germen. La planta comenzó a operar el 12 de julio de 2004 y anualmente produce 40 millones de galones de etanol y 128 mil toneladas de DDGS -Dried Distillers Grains with Solubles-, residuo que se vende como alimento para ganado. Esto equivale a una producción de unos 500.000 litros diarios, que provienen de sembrar unas 80.000 hectáreas de maíz.

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