En el imaginario popular de todo turista argentino que cruza la Cordillera de los Andes está incluida una cena con mariscos y buen vino chileno, pero lejos de lo que se podría dar por sentado, los trasandinos casi no consumen pescados y frutos de mar y exportan cerca de 95 por ciento de la producción que extraen de su extenso litoral.
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«Es una cuestión cultural porque los mapuches y los araucanos eran gente de tierra adentro, con poca vinculación con el mar, es por eso que todavía hoy en día el consumo de pescados y mariscos en el mercado interno es muy restringido», explicó a «Télam» Gustavo Vetterlein uno de los responsables de la compra de carnes de la cadena de supermercados Líder. El consumidor tipo chileno tiene una ingesta promedio de 28 kilos por año de pollo, 25 kilos de carne de cerdo, 21 kilos de carne bovina y sólo 7 kilos anuales de pescados y mariscos. Nada de salmón (Chile es uno de los principales productores mundiales y le exporta ese pescado a países como Noruega), machas o choritos en la dieta de los chilenos, que prefieren en cambio el pollo por un convencimiento, para algunos equivocado, de que es el producto más barato.
Pero no se terminan allí las particularidades porque especialistas del mercado de la carne comentaron que para el consumidor chileno la calidad de los cortes bovinos está dada por la terneza y la ausencia de grasa.
«Acá en Chile nadie quiere comer carne con grasa y le piden a los carniceros que limpien por completo las piezas antes de pesarlas, pero apenas cruzan la frontera se sientan en una parrilla argentina para comerse un bife bien grasoso que es mucho más sabroso», comentaban las fuentes.
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