París (AFP) - Un mes después del inicio de la epizootia de la fiebre aftosa, el número de focos aumenta inexorablemente en Gran Bretaña y se pide la ayuda del ejército, mientras que Francia cruza los dedos y espera que la situación no acabe por descontrolarse.
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En Gran Bretaña, un total de 390 focos había sido identificado hasta ayer. En total, unos 347.853 animales sacrificados o a punto de serlo, en un esfuerzo titánico para intentar frenar la epizootia, que entró este lunes en su quinta semana. Francia por ahora sólo ha detectado un foco, en Mayenne, el 12 de marzo.
Las exportaciones de animales vivos procedentes de Francia fueron a partir de esa fecha suspendidas por las autoridades europeas durante 15 días.
La medida, adoptada por los expertos veterinarios europeos, fue acompañada por un embargo sobre los productos a base de carne y leche no pasteurizada provenientes de los dos departamentos franceses directamente afectados (Mayenne y Orne).
Pedido
El ministro francés de Agricultura, Jean Glavany, pidió el lunes a los Quince que «si no hay ningún nuevo acontecimiento sanitario», las medidas de sanción contra su país sean levantadas a partir del 27 de marzo
El levantamiento de esas medidas se produjo ayer a última hora de la tarde.
El primer ministro francés, Lionel Jospin, indicó que había confirmado a la Comisión Europea «que actualmente sólo tenemos un foco declarado, y ninguna otra presunción seria».
«Cada día ganado sin que se produzca un nuevo caso es un día ganado en la batalla» llevada a cabo en Francia contra la epizootia, dijo el primer ministro.
Expectativas
En Gran Bretaña, en cambio, las perspectivas son mucho más sombrías y las complicaciones logísticas determinantes.
El gobierno solicitó al ejército ayuda para destruir miles de cadáveres de animales que se amontonan en las granjas, mientras que la política oficial de sacrificio preventivo es cada vez más criticada.
La intervención del ejército fue calificada por el portavoz de los conservadores para la Agricultura, Tim Yeo, como una «respuesta groseramente inadecuada» y «tardía» ante la gravedad de la situación. El ministro británico de Finanzas, Gordon Brown, reconoció por su lado que la economía nacional sufriría los efectos de la crisis.