Todo el mundo está asistiendo a las idas y vueltas que el rebrote del mal de "la vaca loca" está teniendo en la civilizada Unión Europea.
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Mientras los casos se multiplican en los distintos países y las fronteras geográficas y los bloqueos individuales no parecen ser una defensa efectiva contra la difusión del mal, la veda por seis meses impuesta al uso para forrajes de las harinas cárnicas lesiona, y beneficia a la vez, importantes intereses. La posición de grupos ecologistas que se dicen defensores de los consumidores y del medio ambiente no se ha hecho escuchar ante los sucesos de la vaca loca, pero simultáneamente sí salen a manifestar en contra de la soja transgénica.
El Comisionado de agricultura de la UE dijo que 3,0 mill/tt. adicionales de Soja deberán importarse para reemplazar a las harinas prohibidas, pero la Soja no crece sola, en alusión a las demandas de los productores locales solicitando mayores apoyos.
La respuesta más inmediata estaría dada por el uso de arvejas forrajeras, lupinos y porotos y otros granos, pero se cree que no superaría el 10 % de las necesidades adicionales. En lo inmediato la importación sería la solución ineludible.
Por su parte, aprovechando la coyuntura, los agricultores franceses a través de la Federación de Productores de Oleaginosas, dicen que para quebrar la Soja dependencia, deben impulsarse los cultivos proteicos en la Comunidad, para lo cual elevaron a las autoridades de la UE un pedido de aumento del subsidio básico de Euros 72,5 á 85,0 por tonelada, (de unos u$s 53,5 a 74,5 por tt).
Esta posición estaría en contra de la tendencia europea de largo plazo de reducir los subsidios agrícolas, pero los productores sostienen que la UE debe incorporar la estrategia de lograr producir internamente lo suficiente como para mantener los niveles de importación al volumen anterior al problema.
Cuando el mercado del complejo soja se encuentra sensibilizado a raíz de la veda temporaria del uso de harinas de carne y hueso para forrajes en los quince países comunitarios, y cuando los agricultores franceses están bogando para obtener mayores subsidios para producir oleaginosos, los ecologistas salen a manifestar en contra de la soja transgénica.
Más sorprendente aún es que no se realizaron manifestaciones ni protestas en lo que concierne al "mal de la vaca loca". Ante un hecho de tal gravedad para la salud de la población, y en donde la prensa mundial se ha ocupado intensamente, no se registraron reacciones de la sociedad. Sin embargo, el consumidor europeo se encuentra sumamente sensibilizado con la situación existente. Esto se refleja principalmente en la abrupta baja de la demanda de carne bovina.
Dado que en las actuales circunstancias, el uso de productos genéticamente modificados es inevitable; la difusión de acciones como las encaradas por los ecologistas contra la soja transgénica poseen un evidente fin activista, que puede tener serias consecuencias para las exportaciones. No obstante logran su objetivo al implantar el tema en la opinión pública, aunque nadie haya podido probar hasta el momento que el consumo de soja transgénica haya provocado el mínimo malestar a un ser humano. Mientras tanto las mismas entidades ecologistas y de defensa de los consumidores guardan silencio frente a las graves consecuencias que ocasionan otros productos que están provocando la muerte de muchas personas.