Falta gasoil, aun con precios nunca vistos

Campo

Mientras los ingresos sufren el deterioro propio de la aplicación de retenciones, el precio de uno de los principales insumos de la actividad agrícola sube alocadamente.

Habiendo superado ampliamente el valor de $ 0,80, acercándose ya a $ 0,90 por litro en el surtidor, vale recordar qué pasaba en épocas de retenciones. Durante la década del '70 el precio del gasoil rondaba sólo $ 0,35. Y en los '80 apenas lograba superar el nivel de $ 0,45. Estos valores están establecidos en moneda constante de la fecha (actualizados por IPMNG).

La cosa se pone realmente difícil a partir de los últimos años de la convertibilidad, cuando los precios se aproximan a un valor promedio de $ 0,60. Y desde enero último, cuando comienza la estrategia de aplicar retenciones luego de más de 10 años de desaparición, la problemática se agudiza no sólo en términos económicos sino en términos de abastecimiento.

Dos elementos confluyen hacia el problema, generando la violenta suba de precios de estos meses y la falta de oferta suficiente para afrontar fluidamente la campaña agrícola.

El tema del abastecimiento empieza a gestarse en los últimos años de la convertibilidad, cuando la estructura impositiva premia la utilización del gasoil en desmedro de la nafta.

De esta forma, el uso de este combustible, que debería haber sido únicamente destinado al agro y los transportes, pasa a ser durante esos años generalizado entre los automóviles utilitarios y familiares.

A consecuencia de ello, y obviamente del impulso dado a la extracción de petróleo,
nuestro país fue pasando a ser un importante exportador de naftas, pero curiosamente con importaciones considerables de gasoil. Si la estructura impositiva no hubiese sido sesgada, seguramente habríamos alcanzado un alto nivel de exportaciones, tanto en naftas como en gasoil. Cerca de 10% de la demanda interna comenzó a provenir del exterior.

•Ajuste

Al explotar el tipo de cambio en una de las más brutales devaluaciones que registra la historia económica argentina, lógicamente los precios relativos debieron ajustarse a la nueva paridad y, por ende, en un visible proceso inflacionario subieron de manera acentuada. Siendo los combustibles bienes transables, obviamente fueron los primeros en recibir el impacto. Pero el caso del gasoil, por ser un bien que se importa en buena parte, no sólo sube de precio sino que sufre el golpe de la devaluación y la importación tiende a interrumpirse.

Para lograr un adecuado abastecimiento, con la actual estructura de demanda de combustibles, se requiere mantener una fluida corriente de importación que asegure el necesario nivel de oferta en el mercado interno. Con la actual paridad, ello sólo es posible si se establece el precio en aproximadamente $ 1 por litro en el surtidor.

Como se comprenderá, este nivel afectará violentamente la producción granaria, además de constituir un golpe de impredecibles consecuencias sobre los transportes en general.

Pero el esquema de oferta es así. Para evitar un colapso mayor, es necesario revisar inmediatamente la estructura impositiva que afecta su precio.
El problema no es menor. Y éste es el momento más crucial para la actividad agraria. Urge afrontarlo con decisión.

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