Greenpeace contra el biodiesel
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En ese sentido, Hernán Giardini, Coordinador de la Campaña de Biodiversidad de Greenpeace, advirtió que "la situación de los bosques en Argentina es alarmante".
"En nuestro país no podemos perder ni una hectárea más de bosques nativos", puntualizó Giardini.
La entidad remarcó que la reglamentación europea estipula un corte de los combustibles fósiles con un 5,5 por ciento de biocombustibles para el 2010 y del 17 por ciento para el 2020 y puntualizó que Alemania es uno de los principales destinos de las exportaciones de las plantas de biodiesel que funcionan hoy en Argentina.
"La meta que se propuso Europa tiene una particular importancia para nuestra región ya que estos objetivos exceden por mucho la capacidad de producción de aquellos, lo que hace que países como Argentina se conviertan en proveedores de biodiesel dentro del mercado internacional", sostuvo María Eugenia Testa de la Unidad Política de Greenpeace.
Testa dijo que, "por otro lado, nuestro país fomenta su producción sin ninguna política que aborde los impactos ambientales y sociales que genera".
Greenpeace destacó que durante las últimas semanas "se ha sumado otro gran cuestionamiento a la producción y consumo de biocombustibles, el impacto de estos en la suba de los precios de los alimentos, lo que ya afecta a millones de personas en el mundo, especialmente de los sectores más vulnerables".
"Pese a las advertencias de organismos internacionales como la ONU o el Banco Mundial, y de numerosas organizaciones ambientalistas, los gobiernos siguen promoviendo la producción y el consumo de biocombustibles", agregó la ambientalista.
En Argentina, la Ley 26.093 de Régimen de Regulación y Promoción para la Producción y Uso Sustentables de Biocombustibles, establece la obligatoriedad de la mezcla de 5 por ciento de biodiesel y bioetanol para todos los combustibles comercializados domésticamente a partir del 2010.
"Esta meta solo debiera cumplirse aplicando estrictos criterios de sustentabilidad, seleccionando los cultivos con mejor balance energético y el mejor balance de gases de efecto invernadero. De otra forma la solución sería peor que el problema", afirmó Testa.
Para Greenpeace la producción de estos combustibles "no puede significar la destrucción de bosques nativos ni debe poner en peligro la soberanía alimentaria".


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