24 de abril 2002 - 00:00

La devaluación no logrará estimular la producción

La brutal devaluación de la moneda que se dispuso en la economía argentina desde enero debiera ser, a priori, un elemento altamente favorable al campo por su fuerte componente exportador. Sin embargo, el cuadro no es lo que parece. Y la realidad es que, hoy por hoy, asistimos a una suerte de espejismo económico. Cuando los precios relativos se ven modificados, a consecuencia de una devaluación como la registrada en estos meses, lo que a la producción agraria le importa es, en definitiva, el tipo de cambio efectivo real, esto es, cuánto mejoran los precios de sus productos.

De nada sirve que se registre una mejora del tipo de cambio real, si el tipo de cambio efectivo real es menor a éste. Para entender el problema que afecta gravemente no sólo a la producción actual sino al espíritu de inversión agroindustrial, hay que detenerse en estos conceptos.

¿Qué quiere decir «real»? El término está referido a lo que el tipo de cambio permite comprar, es decir que toma en cuenta la inflación que la devaluación acarrea.

¿Y qué significa «efectivo»? El tipo de cambio efectivo es el que tiene deducidas las retenciones o aplicados los reintegros que el Estado implementa sobre el valor de las exportaciones.

En tal caso, qué es, entonces, una baja del tipo de cambio efectivo real, como la que se acaba de dar.

Si sube el nivel de inflación, menor es el tipo de cambio real, y si se aplican retenciones, más bajo pasa a ser el tipo de cambio efectivo.
El tipo de cambio efectivo está dado básicamente por el nivel de impuestos que acarrea. Y las retenciones son impuestos que gravan la producción cuyo destino es la exportación.

Desde la aplicación del nuevo modelo, donde quedó abandonada la convertibilidad y desapareció la estabilidad, las cosas han cambiado enormemente.

La economía ha tendido a cerrarse con un alto encarecimiento de insumos importados, como ser fertilizantes y agroquímicos además y una buena parte de los bienes de capital que hacen a la modernización y productividad del agro.

¿Qué está pasando actualmente en la economía del campo? La presión de la suba general de precios, acercándose a niveles de inflación galopante y las retenciones con tendencia a la suba, en un contexto de insumos encarecidos, son el aliciente necesario para que se abandone el proceso de expansión registrado en la economía agraria durante los últimos años. En tal cuadro, por paradójico que parezca, la devaluación no lograría estimular adecuadamente el aumento de la producción para exportar más y mejor.

El efecto de un tipo de cambio efectivo en baja es perverso. Lo es porque, de acuerdo a la percepción general, los ingresos del sector parecen altos, cuando en realidad la ganancia es baja, pues los insumos muy relacionados con el tipo de cambio son elevados. La realidad es que las retenciones disminuyen los ingresos pero no disminuyen los costos, lo que provoca una distorsión.

• Agravante

El problema se agrava si, además, las deudas en insumos permanecen al valor del dólar, si el IVA por ventas es sustancialmente menor al de compras y además se retiene por 120 días el pago de 10% de la operación al productor.

El mensaje de las medidas oficiales cae con toda dureza sobre el ánimo y la inteligencia del productor empresario: ¿de qué sirve planear para producir más si por cada suba en el valor de la producción habrá un aumento de retenciones que reduce el precio a cobrar? ¿De qué sirve capacitarse y arriesgarse si al final del camino el Estado intervendrá?

La incertidumbre que estas intervenciones del Estado sobre la actividad privada genera es la que mayor daño ocasiona. La señal implícita en cada aumento de retenciones es terrible, volteando el espíritu empresarial del productor y su actitud de emprendimiento.

Mientras la inflación se devore una alta dosis de la mejora en el tipo de cambio y la aplicación de nuevas retenciones sea una tendencia propia para elevar los ingresos fiscales, la devaluación tendrá, en el mediano y corto plazo, efectos más dañinos que benéficos sobre el sector y, en definitiva, sobre la economía exportadora.

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