24 de febrero 2001 - 00:00

Malo: aceites en el "piso" de 28 años

Los precios actuales del aceite de soja resultan ser los más bajos que se observan en 28 años. Desde enero de 1973 que no se encuentran tan bajos. En el caso del aceite de maíz, los niveles de las cotizaciones igualan a las registradas en 1964, también por lo bajas.

Aunque el contexto general de este producto resulte sumamente desfavorable, con fuertes stocks de aceites tropicales, cabe tener en cuenta que éste es un mercado altamente sensible ante cualquier cambio que se pueda registrar de la actual situación. En esta plaza, cabe ese adagio que dice que la mejor cura para los bajos precios son, precisamente, que haya bajos precios.

En aceites vegetales, como casi en ningún otro commodity, se comienzan a observar usos alternativos que erosionarán los crecientes stocks mundiales.

El principal destino, o al menos el más inmediato, será el uso de aceites como complemento de raciones animales, y como clara respuesta al susto que generó el mal de la «vaca loca» en todo Europa.

Otro uso alternativo de los aceites vegetales es el biodiesel, esta alternativa se aplica ya en los EE.UU. y está en pleno desarrollo en la Argentina, en aceites de soja y girasol.

Hay que tener en cuenta que esta alternativa funciona con precios del petróleo y de aceites como los vigentes.

También se comienza a hablar de la aplicación de aceites de soja como una importante fuente alternativa de energía en usos industriales, como así también en la manufactura de productos que tradicionalmente tienen como base el petróleo.

En general, y no obstante las importantes producciones de soja en
Sudamérica de las cuales se viene hablando, se espera en general un uso muy importante de cada uno de sus subproductos.

Incluso, varios analistas de los
EE.UU. esperan una disminución, en lugar del incremento señalado por el USDA en su último informe, en los stocks finales de poroto de soja en ese país.

A la hora de evaluar la evolución futura de los precios del poroto de soja se impone la prudencia.

El último gran movimiento bajista de los precios de la soja en
Chicago, acaecido en julio de 1999, arrastró las cotizaciones de la oleaginosa a un equivalente de u$s 147 por tonelada, el valor más bajo que se registraba en 27 años.

Aquellos precios se tradujeron en u$s 140, base mayo de 2000, en los contratos del MAT. Con un consumo mundial creciente y las expectativas de la próxima campaña americana, todavía no iniciada, resulta hoy bastante improbable que transitemos la situación vivida un año y medio atrás.

Fundamentos

El mercado va a ir dejando paulatinamente de prestar tanta atención a lo que acontezca en Sudamérica para comenzar a delinear los fundamentos de la próxima campaña en los EE.UU., presta a comenzar.

En este sentido, hay algunos puntos interesantes para analizar:

1) Clima:
esto podría resultar un factor potencialmente alcista. El clima genera siempre incertidumbre, en cada campaña agrícola de cualquier parte del mundo. En esta temporada, los EE.UU. inauguran su 13ª campaña sin sequía; la última ocurrió en 1988 aunque hubo algunos episodios aislados de sequías durante los años 1995 y 1999. Con crecimientos de demanda, el mundo requiere de buenas cosechas para no hacer peligrar el actual equilibrio que tienen los precios.
2) Seguridad alimentaria: este factor también podría ser considerado como alcista. El ya instalado tema del mal de la «vaca loca» ha generado cambios drásticos y profundos en el consumo mundial. Resulta obvio que el consumo de harinas proteicas de origen animal sean sustituidas por las de origen vegetal. La producción europea de harinas de hueso y carne es de 2,5 millones de toneladas, lo que equivale, en valor proteico, a 3 millones de harina de soja.
En los últimos meses, se ha resuelto en ese continente destruir
2,25 millones de toneladas de harinas de carne, lo que implicará un reemplazo por otras proteínas. A esto cabe añadir que seguramente habrá en Europa una segura caída en el consumo de carnes rojas y un incremento en el consumo de carnes de pescado, aves y cerdo que requieren mayor uso de harinas, particularmente de soja. La CEE prorrogará la prohibición de consumo de harinas de carne como forraje, actualmente vigente hasta el 30 de junio de este año. También es posible que la CEE prohíba el uso de cebos, tanto para consumo humano como para forraje, lo que generará una mayor demanda de aceites vegetales.

3) Variedades GMO:
este es un factor potencialmente bajista. El clima de pánico que vive la CEE como consecuencia del BSE genera además, algún grado de preocupación por parte del consumidor sobre los organismos genéticamente modificados. Aunque este factor podría disminuir el flujo de actividad comercial y el consumo de los GMO, actualmente no se encuentra presente como un inconveniente real y concreto. Además, las regulaciones sobre etiquetado podrían generar algún temor sobre el consumidor, o al menos dudas.

4) Costo de energía:
este factor también es potencialmente negativo. El importante salto que, de una campaña a la otra tuvieron los precios internacionales del petróleo incrementan los costos de producción, almacenamiento, fertilizantes y transporte y no siempre el demandante final reconoce dentro de los precios estas circunstancias, particularmente en una situación de stocks en general abundantes como la actual.

5) Economía mundial:
este es un factor mixto. La economía mundial tiene una fuerte incidencia sobre los precios de los cereales y se trata de un tópico muy difícil de analizar. El dólar se ha venido debilitando contra las monedas europeas y las asiáticas. Esto incrementa el poder de compra de los países demandantes de materias primas. La reciente baja de las tasas de interés en los EE.UU., producida como consecuencia del temor a la recesión, también es un factor positivo. El efecto deseado podría desembocar en una economía americana más sólida y fuerte, proclive a un mayor consumo. Además, tasas de interés bajas reducen el costo de mantener inventarios y estimulan la retención de materias primas, además de reducir los carrying charges. Cuestiones de malestar económico regional, como la crisis financiera que hoy atraviesa Turquía, podrían generar una retracción de la demanda, mucho más si se tratase de países fuertemente importadores de materias primas.

6) Política de subsidios:
positiva para los EE.UU., negativa para el resto del mundo. Los EE.UU. se preparan para legislar un nuevo «Farm Bill» durante el presente año. Es muy probable que las nuevas disposiciones se orienten a seguir desarrollando un sistema de pagos directos a los productores de los EE.UU., que a desalentar las siembras en ese país. El esquema de sembrar menos en el principal país productor de soja y maíz del mundo ayuda a que los precios se mantengan altos, pero favorecen también a terceros países. Si los loan rates son realineados, habrá que ver qué decisión de siembra formulan los farmers americanos ante esos cambios y en qué medida esta decisión perjudica a los productores del resto del mundo.

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