21 de diciembre 2000 - 00:00

Pese a los problemas, el sector se recupera

El primer año de gestión en la Secretaría agraria ha sido muy difícil por la multiplicidad y complejidad de los problemas que debíamos resolver cuando asumimos en diciembre de 1999. Problemas que, dicho sea, no eran distintos de los que debió afrontar el gobierno de la Alianza y que es preciso recordar, no con ánimo de eludir nuestras propias responsabilidades las que asumimos plenamente sino para que se entienda por qué no hicimos todo lo que hubiésemos querido hacer para sacar al campo de la grave crisis que vivía. Es cierto que todavía hay que transitar un largo camino para salir de la emergencia, pero es innegable que en los doce meses de gestión no ha habido una sola medida que pudiera afectar los intereses del sector agropecuario. Todas y cada una de ellas han apuntado al mismo objetivo: reducir costos para revertir el largo proceso de deterioro que venían sufriendo los sectores productivos y que, en el caso del campo, terminó con la pérdida de su rentabilidad. Varios fueron los factores determinantes de esa realidad, pero hubo dos que por su peso resultaron decisivos: la aplicación de políticas de concentración económica durante una década y las gigantescas masas de dinero que los países centrales destinaban (y destinan) para subsidiar sus producciones agrícolas.

Un tercer elemento que no es menorse agregó para agudizar los condicionamientos de la Argentina: el tremendo peso de la deuda externa.

Limitaciones


A pesar de las limitaciones que las circunstancias nos impusieron, en lo interno comenzamos a aplicar medidas graduales tendientes a reducir los costos de producción. En esa línea incluimos la refinanciación de pasivos a cerca de 20.000 productores que recibieron créditos por 1.800 millones de dólares a una tasa de 7 por ciento de interés anual y un plazo de 20 años; pusimos en práctica un sistema que permitió a los productores retener sus cosechas de trigo, lo que significó en sólo 30 días una diferencia en el precio del trigo del orden de 25 por ciento a su favor; aumentamos reintegros o reembolsos que beneficiaron a los productores de tabaco, azúcar y algodón y que para las economías regionales representaron 30 millones de dólares; concretamos la reapertura del mercado norteamericano a los cítricos del NOA, lo que en términos económicos equivale a 25 millones de dólares que permitirán la creación de nuevos puestos de trabajo en zonas social y económicamente críticas; elevamos a 35 por ciento el arancel extraMercosur para las carnes porcinas, decisión que está repercutiendo favorablemente en el sector productivo; creamos el gasoil agropecuario, cuya creciente utilización ya está teniendo incidencia en la disminución de costos en la producción; alentamos y concretamos importantes modificaciones impositivas; mantuvimos programas de ayuda técnica y social a los pequeños y medianos productores; pusimos en marcha un ambicioso programa de forestación que a partir de 2001 tendrá como objetivo forestar 200.000 hectáreas anuales con 100.000 nuevos puestos de trabajo por año. Industriales madereros anunciaron inversiones del orden de los 3.800 millones de dólares; iniciamos un plan de reconversión pesquera que abre para esa actividad un futuro promisorio con gran incidencia para la economía argentina; refirmamos la línea ascendente que se observa en la producción y comercialización de la vitivinicultura nacional, a lo que se agrega la nominación de la Argentina para presidir la Organización Internacional de Vinos; iniciamos una política «puerta a puerta» para ampliar los mercados para nuestras carnes, cuya sanidad y calidad son mundialmente reconocidas; propiciamos la creación del Instituto de Promoción de Carne Vacuna, precisamente para atender una demanda que vislumbramos en continuo crecimiento.

Cosechas

A esta somera reseña debe agregarse que la Argentina, a pesar de las dificultades, sigue registrando cosechas récord, en tanto se observan buenas perspectivas en los precios de los commodities. Tres ejemplos para destacar: el trigo, la soja y la ganadería (precio promedio) aumentaron 43, 14 y 17 por ciento, respectivamente, entre diciembre de 1999 y el mismo mes de este año. En lo externo, seguiremos reclamando en todos los foros internacionales, como lo venimos haciendo, el cese del proteccionismo agrícola que desvirtúa el libre comercio y coloca a nuestros países en una desigual cuan injusta desventaja frente a los países centrales.

Estoy seguro de que en el nuevo año que se avecina, la Argentina avanzará resueltamente en la construcción de ese país grande, próspero y solidario que todos los argentinos soñamos.