12 de diciembre 2000 - 00:00

Proponen un cambio en el funcionamiento del SENASA

Durante la presidencia de Carlos Menem, la Argentina luchó infatigablemente para erradicar la fiebre aftosa. Finalmente, luego de una inversión millonaria, la Nación adquirió el certificado de país libre de aftosa.

Ello permitió que nuestros productores agropecuarios ingresaran al mercado internacional vedado por décadas.

El trabajo de tantos años entró en riesgo cuando en junio nos vimos sorprendidos con un rebrote de la enfermedad en el Norte y en buena cantidad de campos de la provincia de Buenos Aires debió aplicarse el rifle sanitario para «prevenir», según las autoridades del gobierno.

Políticas

En la Comisión de Agricultura de la Cámara de Diputados advertimos la falta de información de parte de los funcionarios gubernamentales del área y carencia absoluta de políticas activas para ayudar a los productores para superar el rebrote.

La preocupación por el particular fue la elaboración del proyecto de ley ingresado la semana última en Diputados, donde propongo un cambio radical en el ordenamiento organizativo y funcional de la máxima autoridad nacional en la materia agroalimentaria.

Cuando comencé a estudiar el tema, inmediatamente comprendí que no era solamente la aftosa una problemática que castigaba a la Argentina, sino que resultaba más profundo y requería una propuesta de fondo que receptara las inquietudes de los sectores interesados.

Para el proyecto puse el acento en la participación activa de la gente y sobre esta base, contando con los pareceres de diversos sectores y personalidades en la materia, con simple objeto de que cada protagonista del mundo agrario tenga voz y participación.

La propuesta contenida en el proyecto del nuevo SENASA contempla una
estructura ejecutiva a nivel nacional ágil, simple y moderna conformada por un presidente y un vice, designados con acuerdo del Senado, y un Consejo de Administración, en cuyo seno estén representados los distintos sectores interesados, con capacidad de decisión y control de acciones y recursos; un organismo consultivo -Asamblea Nacional Agroalimentaria-, como expresión máxima de la Nación y ámbito natural de discusión de los grandes temas del sector, con facultades de contralor y seguimiento de la ejecución de las políticas fijadas; un fuerte grado de descentralización operativa y de recursos hacia las delegaciones provinciales, municipales -con participación activa de autoridades y sectores locales-y ONGs locales, lo que permitirá encarar la solución de cuestiones vitales para productores, industriales y consumidores a nivel regional directamente en los lugares donde efectivamente está el problema.

Asimismo la implementación de un sistema de
consulta pública, con modalidad presencial y también mediante utilización de redes informáticas, en la que cualquier ciudadano pueda expresar su opinión sobre cuestiones sensibles en la materia agroalimentaria y la disponibilidad inmediata de recursos -mediante la apertura de una cuenta específica del organismo-que permitirá atacar rápida y eficazmente situaciones de la naturaleza comentada y atender necesidades locales.

Soluciones

Si concebimos una estructura moderna como la plasmada en el proyecto, en el futuro no habrá un funcionario ubicado en una confortable oficina en Buenos Aires para que decida el rumbo al unísono de nuestros productores agropecuarios y que, como sabemos, se encuentran en el interior del país a varios kilómetros de distancia.

El país federal reclama acciones federales para solucionar problemas federales. Hasta el momento esto no se vio, es hora de cambiar.