8 de marzo 2002 - 00:00

Retenciones: una vuelta al pasado

Los acontecimientos que estamos viviendo en el sector agropecuario en los últimos meses, sin duda, no tienen precedentes. A la profunda crisis que ya vivía el país en 2001, se le ha sumado en los últimos meses una crisis inédita del sector financiero, que culmina con campañas de desprestigio dirigidas hacia y entre los bancos, que llega al límite de compro-meter la continuidad del principal banco privado y agente financiero del sector; un regreso insólito a la propuesta de precios mínimos, laudos y seguramente en corto tiempo a precios máximos que nunca dieron resultados en el país ni en el mundo; y por último, la imposición nuevamente de retenciones a las exportaciones que en la década del '80 mostraron claramente su negativo impacto sobre la producción y las exportaciones agropecuarias.

Todos somos conscientes de la desesperada situación que atraviesan millones de argentinos y desde ya, tanto desde el gobierno como desde el sector privado debemos luchar con todas nuestras capacidades para resolver el conflicto social; pero frente a esta realidad, pensar en retenciones a las exportaciones para seguir financiando un gasto público desbordado, o para afrontar los casi 10.000 millones de pesos de deuda de las 4 provincias pampeanas (Buenos Aires, Santa Fe, Córdoba y La Pampa) o los 1.800 millones de déficit fiscal que dichas provincias llevan acumulados a setiembre de 2001 no parece ser una alternativa seria.

Conpetitividad

El sector agropecuario ha dado muestras contundentes de lo que es capaz de hacer con reglas claras y transparentes. Volver a las retenciones es, sin duda, volver atrás en el tiempo, es financiar más gasto público improductivo en un país quebrado por la política, es bajar la tecnología hoy aplicada por los productores, con sus consecuencias en la productividad, es reducir en el corto y mediano plazo las áreas sembradas en el país, es perder un diferencial de 4.100 millones de dólares anuales de ingresos por exportaciones, que surge de comparar las exportaciones granarias en 1991 con la actual campaña.

El sector agropecuario y agroindustrial en la Argentina a partir de 1991, con estabilidad económica y recibiendo precios internacionales por sus productos sólo para granos, oleaginosas y subproductos, pasó de una producción de 40 millones de toneladas a las casi 70 millones que se alcanzarán este año. Si bien aumentó la superficie sembrada en dicho período, la mejora en los rendimientos fue el principal responsable de dicho crecimiento, y ello fue posible gracias al incremento notable de la tecnología aplicada por el productor.

En 1990 se utilizaron 300 mil toneladas de fertilizantes frente a 1.785.000 toneladas del año 2000, el mercado de agroquímicos y semillas pasó de 860 millones de dólares a casi 1.400 millones en el mismo período, y la utilización de siembra directa creció de 500 mil hectáreas en 1991 a 11.600.000 hectáreas en 2000/ 2001, según datos de la Secretaría de Agricultura, la ACTA y Aapresid.

Rendimiento

Los rendimientos de los cultivos agrícolas crecieron notablemente durante este período. Para el caso de trigo, en 1990/ '91 el rendimiento nacional fue 1896 kg/ha y en la campaña 2000/2001, fue cercano a 2.500 kg/ha, para el maíz en idéntico período el incremento fue de 4.004 kg/ha a 5.428 kg/ha, en soja 2.275 kg/ha en '90/'91 y 2.410 en 2000/'01, en sorgo
3.331 en '90/'91 y 4.630 en '99/'00 y por último en arroz la diferencia de productividad fue pasar de 4.029 kg/ha en '90/'91 a 5.678 en 2000/2001.

Este fenomenal crecimiento de la producción granaria fue consecuencia de un marco económico estable y un notable incremento de la tecnología. Llevado a números, la producción de granos y subproductos le aportó al país algo más de 7.500 millones de dólares como valor de sus exportaciones en 2000/'01, y las proyecciones de la actual campaña indican valores cercanos a los 8.600 millones de dólares, lo que implica un incremento de 91% frente a los 4.500 millones de dólares exportados en 1991 por el sector granario.

El campo realizó en la última década enormes sacrificios para adaptarse a las reglas de juego, incorporar tecnología, reconvertirse y superar récords de cosecha que generaron mayores ingresos para el país. Los productores agropecuarios argentinos compiten día a día con otros productores que reciben subsidios (como pasa con la mayoría de nuestros competidores); no pueden competir, además, con las ineficacias internas del país. El sector ya ha demostrado que con las herramientas adecuadas, responde más que con creces; no se merece volver al pasado que tanto le costó superar.

(*) Ex subsecretario de Alimentos y Fundación Producir Conservando.

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