Los veintinueve países de América que aceptaron el Tratado de Libre Comercio (ALCA) y abrieron su economía, lo hicieron para poder exportar en forma competitiva y sin restricciones al mercado de consumo más grande del mundo. Un claro ejemplo es Chile, que tiene además un acuerdo firmado con la Comunidad Europea y China para poder crecer exportando productos diversificados con gran valor agregado: la clave del crecimiento chileno es que exporta 70% de lo que produce. México es otro ejemplo de la importancia que puede tener el ingreso al ALCA: sus exportaciones pasaron de 47.000 millones de dólares en 1993 a 110.000 millones en 1997 y 200.000 millones en 2005; el desempleo actualmente en este país bajó a 3,8%.
El contenido al que quiere acceder es exclusivo para suscriptores.
Por lo tanto el debate que se realizó en la IV Cumbre de las Américas sobre el ALCA y la supuesta pérdida de trabajo es una gran falacia. Con más razón, si lo que se quería discutir eran alternativas para fomentar el trabajo decente y las posibilidades de aumento del mismo para terminar con el desempleo y la marginación en América, tendría que haber habido un apoyo unificado de toda América y no dividido ante el mundo por haber hecho una discusión parcial e ideológica. Al haber quedado la Argentina junto con los países del Mercosur y Venezuela rechazando el ALCA, nuestro país vislumbra un escenario de política internacional muy complicado en lo que respecta a la salida económica y social.
Mientras esto sucede, Paraguay, Uruguay y Brasil están haciendo acuerdos bilaterales que les permitan tener una relación de más franqueza con quienes en poco tiempo van a ser sus socios. Venezuela y la posición demagógica de su presidente son la mayor hipocresía que tuvo esta cumbre. Critica el libre comercio al mismo tiempo que exporta y vende al precio del mercado su único commoditie (petróleo) a su mayor enemigo, el imperialismo yanqui. Al no tener ninguna otra producción importante no precisa hacer ningún acuerdo comercial como el ALCA. Mientras los ingresos por exportación de petróleo son inmensos, su país sigue aumentando su pobreza después de cinco años de gobierno. Lógicamente, la solución que propone para terminar con el desempleo son las expropiaciones y el ataque a la propiedad privada. Este modelo que propone Chávez ya fracasó en el mundo. El único ejemplo que subsiste en América es Cuba y sus seguidores trasnochados que protagonizaron la anticumbre. Por lo tanto el gobierno argentino va a tener que definir qué sistema quiere para el país: o se está con Venezuela o se está con los pueblos que defienden las libertades en un Estado de derecho para poder invertir, crecer sostenidamente y comerciar con el mundo. Comprendo y acepto que la Argentina tiene que condicionar la firma del ALCA a un acuerdo por los subsidios agrícolas. No es fácil poder hacer esta discusión mientras se grava al productor por exportar, pero ésta es la realidad del país. A pesar de estos datos hay que sentarse a discutir el ALCA en las condiciones y plazos que puedan atenuar las distorsiones de nuestro comercio: debemos estar realmente convencidos de la necesidad de transformar nuestras materias primas agropecuarias en productos terminados para vender en las góndolas de los países desarrollados como Canadá, Estados Unidos, México y el resto del mundo. Es la única forma de tener un crecimiento sostenido de nuestras exportaciones para atender las necesidades sociales del país. También hay que tener presente en este debate nuestra capacidad potencial de colocar producciones frutihortícolas -de contraestación- en los países del norte. Así comenzó el desarrollo de la economía chilena cuando no tenía las ventajas que hoy le da estar en el ALCA. En la misma situación se encuentran muchas producciones de economías regionales: ¿estamos dispuestos a entregarles estos mercados a Chile y a Brasil por su mejor capacidad de negociación comercial y sus relaciones diplomáticas permanentes? ¿Es prudente para el país demorar la negociación hasta que se eliminen los subsidios agrícolas? ¿No iremos a perder el tren nuevamente por no mirar cómo funciona el mundo? Siempre existe riesgo cuando se avanza con este tipo de acuerdo como el ALCA (sobre todo si los países no han modernizado su economía haciendo las reformas estructurales necesarias para tener una economía competitiva). Este es el caso de la Argentina, que tiene problemas inclusive con el comercio con Brasil, a pesar del dólar artificial alto que pone en riesgo la competitividad futura de los sectores y del país. Mientras esperamos el debate sobre los subsidios agrícolas que se realizará en el mes de diciembre en el marco de la negociación del ALCA, sería necesario que el gobierno después de la elección y al estar rearmando su gabinete, lo haga pensando en un plan económico previsible y sustentable con este mundo globalizado.
Dejá tu comentario