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9 de enero 2002 - 00:00

Se necesitan políticas de integración para el agro

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La creación del Ministerio de la Producción y la designación de su titular, Ignacio de Mendiguren, es una decisión que parcializa de alguna manera el rol que va a desarrollar el complejo agroindustrial en esta nueva alianza productiva. Sus ideas del país y la industria que quiere, como sus últimas declaraciones, han creado una gran preocupación en todo el sector agropecuario y agroindustrial. Sus pensamientos son antagónicas con las necesidades del complejo agropecuario. Mien-tras De Mendiguren cree en una industria nacional protegida, el sector necesita contar con políticas que nos integren con el mundo.

El campo, a pesar de las variables económicas negativas fue competitivo y pudo seguir produciendo y aumentando nuestras exportaciones. Esto no quiere decir que no cambia la variable macroeconómica que provocó la actual situación del país e impidió al sector agroexportador mejorar más su performance desde la convertibilidad. La convertibilidad fracasó por excesivo gasto público sin control de nuestros gobernantes. Lo que no se puede permitir es retroceder a la década de 1980.

Retornar al doble mercado cambiario, a la sustitución de las importaciones, los derechos a exportaciones, la fijación de precios máximos y policías para controlarlos es repetir experiencias que ya conocimos que nos llevaron a la hiperinflación del 1989.

A pesar de haber contado con todos esos instrumentos de política económica, la industria era ineficiente y no competitiva, el sector agropecuario se había estancado, los salarios eran ficticios y el producto bruto del país no crecía. La consecuencia de todo eso era la inflación que es el impuesto más antipopular que conocimos y provocó el atraso del crecimiento del país por falta de inversiones y seguridad para la actividad privada.

No quiero más un país de camionetas caras y sin tecnologías, que falten insumos o se encarezcan para poder producir competitivamente, por tener una economía cerrada. Un país que cierra su economía y sin reservas es insostenible en este mundo globalizado, salvo que se quiera volver a la emisión sin control, que por un tiempo disimula una nueva hiperinflación.


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