22 de agosto 2003 - 00:00

Soja: Se duplicaron exportaciones en lo que va de 2003

Entre enero y julio, la exportación de soja argentina alcanzó los 7.963.113 toneladas, por un valor de 1.635 millones de dólares, y registró un crecimiento del 99 por ciento en volumen con respecto a igual periodo de 2002.

En este período, las exportaciones a China crecieron un 206 por ciento; a Turquía, 181 por ciento; y a Egipto, 101 por ciento.

El Servicio Nacional de Sanidad y Calidad Agroalimentaria (Senasa) recordó que durante los siete primeros meses de 2002, las colocaciones de soja argentina en el mundo alcanzaron las 3.992.586 toneladas, la mitad de las exportaciones de este año.

El Senasa precisó que la mayoría de las ventas en lo que va de 2003 se realizaron a China, que compró 6.064.663 toneladas por un total de 1.246 millones de dólares.

"Esto significa que actualmente de cada cuatro barcos cargados con soja para exportación, tres parten hacia este país asiático", precisó el organismo sanitario.

En segundo lugar quedó Thailandia, que sumó 639.238 toneladas por 130.337.000 dólares y tercero Turquía con 277.238 toneladas por 57.890.000 dólares.

También se destaca Holanda con envíos por 122.486 toneladas y 47.564 millones de dólares, México con 98.306 toneladas por 25.731.000 dólares y Malasia con 95.518 toneladas por 20.728.000 dólares.

En cuanto al aceite de soja, el Senasa certificó exportaciones por 1.194.013 toneladas por la suma de 591.242 dólares.

China también se destacó como el principal comprador del producto con 734 mil toneladas.

En menor escala, Marruecos compró 108.020 toneladas de aceite, Malasia con 45.840 toneladas, República Dominicana 43.924 toneladas e Irán con 45.842 toneladas, entre otros.

La certificación de harina de soja sumó 4.363.467 toneladas por 734 millones de dólares, siendo Tailandia el principal importador con 524.529 toneladas por 90.312.000 dólares.

Le siguen Egipto, 522.572 toneladas por 86.972.000 dólares; Filipinas, 456.302 toneladas por 77.393.000 dólares; Vietnam, 423.289 toneladas por 75.110.000 dólares y España, 390.279 toneladas por 62.406.000 dólares.

Desde mediados de la década del `90, el cultivo de soja en Argentina creció en forma geométrica hasta convertir al país en el tercer productor mundial (detrás de Estados Unidos y Brasil) y ser el principal recurso del campo argentino, desplazando al trigo, el maíz el girasol y la ganadería.

La producción de este año está prevista en 35 millones de toneladas, con previsiones de aumento tanto en la producción como en la superficie destinada al cultivo.

El crecimiento se produjo al amparo de la rentabilidad, del avance tecnológico logrado a partir de la introducción de la siembra directa y de las mejoras genéticas que acortaron los ciclos de crecimiento.

Sin embargo esta situación produjo un efecto negativo en algunos eslabones de la producción en economías regionales, mientras surgen alertas que apuntan a los perjuicios por degradación del suelo que puede traer el monocultivo de soja en un mediano plazo.

"A la soja hay que agradecerle todo lo que aportó a los productores y a la economía nacional pero tenemos que pensar algún mecanismo para que se revitalice la rotación con otros cultivos y darle estabilidad al sistema", dijo recientemente el secretario de Agricultura, Miguel Campos.

El problema no es de fácil resolución. La oleaginosa tocó este jueves los 170 dólares en los mercados internacionales, lo cual la convierte en una de las opciones más rentables para el campo.

Por esto para el Gobierno, que impuso retenciones del 20 por ciento a las exportaciones de soja, la cuestión de mantener una economía sustentable y los suelos fértiles a largo plazo choca con los beneficios que trae la rentabilidad de la soja en el corto plazo.

El año pasado, v¡a retenciones a las exportaciones -del orden del 23 por ciento en el caso de la soja- el fisco recibió alrededor de 2 mil millones de dólares los cuales destinó al plan social Jefes y Jefas de Hogar, creado para paliar los efectos del desempleo.

Desde la Secretaría de Agricultura y el INTA se insiste en una vuelta a los sistemas de "rotación sustentable" con la ganadería, mientras se impulsa también el diseño de políticas para dar más competitividad a los otros cultivos.

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