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Repárese en que hoy tenemos bajos índices productivos. Estos sólo se aumentarán con políticas claras, que conduzcan al crecimiento.
A nadie se le puede escapar que estos últimos años hubo un importante desplazamiento del rodeo nacional empujado por el avance agrícola. Estos cambios no son gratuitos.
Ese corrimiento trajo aparejado un desplazamiento de gran parte de zonas y pueblos productivos. Esas migraciones no deseadas aumentaron en grado preocupante los centros urbanos y todos sabemos que no siempre fueron para bien. Esas poblaciones que antes cobijaban familia y empleo comenzaron su decadencia.
Volviendo al aspecto productivo, desplazar nuestras vacas a zonas marginales y/o más difíciles ecológicamente hablando, trajo un quedo en los parámetros reproductivos, llegándose a nivel nacional a 60% de índice de destete, o sea que prácticamente, de cada dos vacas obtenemos sólo un ternero. Un verdadero despropósito. Es como si en una fábrica, del total de empleados sólo produce la mitad. Evidentemente, el resultado esperado no podrá ser auspicioso y, lo que es peor, tornará imposible seguir en esa actividad.
La frontera agrícola y ganadera ya se ha desplazado; en los últimos años pasaron de la región pampeana más de 10.000.000 de hectáreas a manos de la agricultura. Seguramente su corrimiento se podrá prolongar con las consecuencias antes descriptas. Pero no por ello podemos quedarnos con los brazos quietos. Al aumentarse la carga de vacas por hectárea, la productividad individual ha disminuido; ejemplo: estado corporal, índice de preñez, destete, etc. Para sobrellevar esto se necesita tecnología de procesos. Es necesario el mejoramiento de campos bajos, la implantación de pasturas rústicas tolerantes a la salinidad, la obtención de agua para bebida de los animales, tan difícil en parte de Chaco, Santiago del Estero, NO de Santa Fe, parte de Formosa, por citar algunas provincias con carencia de tan vital elemento.
La fertilización puede duplicar y triplicar los recursos forrajeros. Se precisa, además, la implementación de un plan sanitario eficiente que ataque severamente las pérdidas de tacto a parición con el correspondiente control de enfermedades virales, entre otras cosas.
Jamás, estimada señora, nos escuchará decir a los productores que «no queremos hacer». Se puede y se debe hacer. Se necesita esfuerzo y trabajo al cual nunca renunciaremos; pero también un plan sostenible que atienda la oferta y la demanda sin condicionamientos y respetando los mercados. Y, fundamentalmente,saber cuál es el rumbo. Si los países que crecen tienen el consumo de carne vacuna per cápita/año distinto del nuestro; ejemplo: Brasil 37 kg, Uruguay 40 kg, México 23 kg, Australia 35 kg, Unión Europea 18 kg, EE.UU. 43 kg., los 70 kilos de carne vacuna por habitante por año de la Argentina nos tienen que hacer ver que esto no es sostenible en el tiempo, y hacen necesario un replanteo en la dieta.
Estos cambios culturales son necesarios. Llevarlos a cabo con educación, formación y no con recursos de la producción.
El mundo, el cual usted conoce, está buscando proteínas de alto valor biológico como nuestra carne bovina.
Es obligación y deber de todos satisfacer esa demanda. La Argentina no puede seguir perdiendo esta oportunidad trascendental. Esto traerá aparejado más trabajo, más crecimiento y más bienestar para todos. No escapará a su buen criterio que esto lo vieron inversores extranjeros que han copado la industria frigorífica argentina con inversiones brasileñas y americanas, entre otras.
Nos gustaría que se mantenga y acreciente la industria frigorífica argentina. Las concentraciones nunca fueron beneficiosas.
Le pedimos que se nos escuche y se comprenda a nuestro sector. No estamos contra nadie. Estamos con y a favor de todos. Sólo pedimos que nos dejen trabajar. Que no se nos pongan cupos ni limitaciones al crecimiento.
Las retenciones no sólo a nuestro sector, sino a todos deberían revisarse. Su aumento no es una buena señal.
Consideramos importante no persistir en esto, puesto que generarán desinversión, desaliento y detención del crecimiento productivo.Señora presidente electa, nosotros queremos su éxito. Su éxito es el éxito del país, de todos. Nuestra única bandera es la celeste y blanca. Sólo pedimos que se nos la deje llevar a todas las góndolas del mundo sin ningún tipo de condicionamientos.



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