«La agroindustria muestra un crecimiento impetuoso, pero se debe pelear para mantenerlo en el tiempo», dijo el investigador del Conicet Alejandro Mentaberry, quien enfatizó que el sector agroindustrial dio «muestras de un crecimiento impetuoso» en los últimos tres años, pero señaló que se debe adquirir tecnología para poder estar a la altura de los desarrollos futuros, que podrían traer aparejada la posibilidad de que la Argentina tenga «una nueva soja». «El sector agroindustrial aparece casi naturalmente como un integrante válido para el desarrollo económico de la Argentina. Sin embargo, lo que hoy parece como una ventaja competitiva debe pelearse para mantenerse en el tiempo, y se deben incrementar la diversificación, los niveles de las cadenas de desarrollo que favorecerán en especial en los niveles regionales», sostuvo. Mentaberry hizo estas reflexiones en el marco de la Segunda Jornada de la Cadena Agroindustrial Argentina, que se desarrolló en la Bolsa de Comercio de Rosario.
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En cuanto a la biotecnología y las promesas de la misma, Mentaberry indicó que «se puede aumentar su explotación, sobre la base de la utilización de herramientas de modificación genética, que abarcan un campo muy importante», debido al desarrollo y avance de ese tipo de tecnologías.
Asimismo, manifestó que no hay «tecnologías sólo para grandes empresas», dado que son «adaptables para diversos factores económicos, dado que la biotecnología funciona bien en diferentes nichos económicos, que favorecen a países de segundo o tercer orden, como la Argentina». Según explicó, «la biotecnología es una herramienta estratégica y puede impactar en los sectores importantes de la producción argentina, para intensificar ventajas dinámicas de la economía», pero abogó por la necesidad de «operar para generar tecnología propia, ya que hasta ahora sólo se utilizó producción externa», aunque aclaró que se debe « incorporar tecnología adaptada a las necesidades de los pequeños productores».
Mentaberry dijo que existen diversas oportunidades para la agrobiotecnología, entre las que mencionó «el incremento de la demanda mundial de alimentos y la diversidad de la Argentina en ese campo».
Pero advirtió que también «hay debilidades, tanto en el sector político, la falta de inversión, la escasez de recursos humanos» y «el poco desarrollo de la cultura de innovación», algo que según sostuvo «son trabas para un buen despegue del sector». «El campo biotecnológico abarca muchas cosas, no solamente el de los transgénicos, pero todo lo relacionado con el apoyo de los controles biológicos permite un desarrollo muy interesante», e incluso adelantó que la Argentina tal vez pueda producir «una nueva soja en el futuro, si desarrolla estas cuestiones relacionadas con la biotecnología».
A su turno, Fernando Vilella, decano de la Facultad de Agronomía de la UBA, hizo hincapié en la sociedad que recibirá los cambios que la biotecnología puede introducir en los niveles productivos y señaló que en los últimos años se implementaron « modelos de desarrollo regional que no contienen a la población, presionando las migraciones internas». Para salir definitivamente de la crisis, Vilella dijo que la Argentina eligió la estrategia de «pagar sueldos baratos», los cuales están «bastante cerca de los chinos», lo que genera « sueldos mediocres y retenciones».
«La mayor desigualdad que existe de esos sueldos es porque no hay trabajos de calidad en todo el país, ya que sólo hay un trabajo de calidad si hay una educación de calidad, porque tenemos un ingreso per cápita de hace 30 años y distribuido de mala manera», enfatizó. A su criterio, «el sector agroindustrial es el sector que mayor desarrollo tiene, porque está en todo el país y no hay otro modelo que lo pueda comparar». Por último sostuvo que en países como Australia, Nueva Zelanda, China e India apuestan fuertemente en el desarrollo educativo en ciencia y tecnología, y apeló a la conciencia de los productores y del Estado para poder hacer pie en esta materia. «Nuestro sistema es exitoso, pero tiene problemas serios para mantenerse en el tiempo. Si no generamos ciencia y tecnología, nuestras posibilidades competitivas se reducirán en el futuro», concluyó.
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