Urge una estrategia para los alimentos
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Una mayor producción significa una oferta más abundante y, consecuentemente, más barata. Por lo que, en el mediano y largo plazo, el gran beneficiario no es el agricultor sino la población mundial, especialmente la más pobre.
Habida cuenta de que la cosecha de EE.UU. ronda los 80 millones de toneladas, está claro que Sudamérica ha superado a ese país del norte rápidamente. Y es evidente que ésta es una tendencia firme sin visos de quebrarse.
Esta modificación en el peso relativo a favor del Sur y en desmedro del Norte está dada básicamente por el fenomenal aumento por mayor siembra y mayor rendimiento registrado en la Argentina y Brasil. La realidad es que mientras en 1976/'80 la producción argentino-brasileña apenas era 30% de la estadounidense, hoy la supera ampliamente.
Dichos datos muestran que la política americana dirigida a desplazar a la producción de América del Sur ha sido inútil. Pese a la estrategia del Loan Rate y el Loan Deficiency Rate, la participación sudamericana en la producción y el comercio mundial es cada vez mayor. Y ello es bueno para el mundo. Como es sabido, a través de estos mecanismos el Estado americano ha promovido durante años especialmente la producción de soja, ya que el subsidio encubierto ha sido mayor para esta oleaginosa que para los demás granos.
Lo que sí resulta negativo es la actitud de premiar la producción vía incentivos fiscales, pues esta competencia desleal presiona sobre Sudamérica para lograr incrementos de productividad a costa de la sustentabilidad y cuidado del suelo. Por ello, a la larga, el mundo entero es el perdedor. Pero la dirigencia mundial no parece entenderlo.
Y en lugar de perder el tiempo con elucubraciones sobre los transgénicos de oleaginosas, debieran abocarse a prevenir el descuido de la naturaleza diseñando una estrategia mundial.



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