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16 de marzo 2020 - 00:00

Como en 2008, pero peor: menos margen monetario y cierre de actividades

La guerra de los precios del petróleo entre Arabia Saudita y Rusia suma un elemento delicado que estuvo ausente doce años atrás.

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París - Con su brutal impacto en el crecimiento y los mercados, la crisis económica provocada por la pandemia de coronavirus recuerda a la que en 2008 sumió al mundo en la “gran recesión”. Sin embargo, el parecido es engañoso.

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La recesión de 2008-2009 tuvo un origen financiero: el colapso de las hipotecas subprime, unos préstamos otorgados de manera masiva y ligera por muchos bancos estadounidenses. La crisis actual es diferente y proviene de una circunstancia externa que afecta la economía real y se está extendiendo a medida que los países se aíslan e interrumpen actividades económicas, un ingrediente ausente en la coyuntura anterior.

El cierre de fábricas en China fue el primer hecho que afectó a la oferta al interrumpir el suministro de las empresas. Pero ahora eso se está extendiendo a la demanda, ya que los consumidores de muchos países, sobre todo centrales, se ven obligados a quedarse en sus casas y cancelan o retrasan sus desplazamientos, viajes y compras.

El epicentro de la crisis de las subprime fue Estados Unidos, la principal economía mundial. La crisis del coronavirus apareció en China y dejó patente el peso económico del país, para luego hacer foco especialmente en países de Europa como Italia.

Después de la quiebra de Lehman Brothers, Estados Unidos coordinó acciones con sus aliados. Esa crisis provocó el nacimiento del Grupo de los 20 países más importantes (G-20), que integró a las principales potencias emergentes.

El panorama político global hoy es distinto. El Grupo de los 7 (G-7) está presidido este año por Estados Unidos, que lanzó guerras comerciales, y el G-20, por Arabia Saudita, que acaba de hacer saltar por los aires la regulación internacional de los precios del petróleo al trabarse en una peligrosa puja de precios con Rusia, lo que añadió un elemento grave a la crisis en curso.

“Estamos ante una fragmentación que se ha producido antes del choque y es difícil para todos los líderes del mundo sentarse a la mesa” de negociaciones, estimó Ludovic Subran, economista jefe de Allianz.

De todos modos, hoy se celebrará una cumbre extraordinaria del G-7 por videoconferencia, que podría conducir a una mayor coordinación, ahora que Estados Unidos también se ve afectado.

En 2008, los principales bancos centrales trabajaron juntos para reducir sus tasas e inyectar liquidez. También desempeñaron un papel decisivo para salir de la crisis mediante la compra de deuda pública y privada.

Doce años más tarde, no tienen el mismo margen de maniobra ante una crisis que, además, no se debe a motivos bancarios o financieros.

La Reserva Federal de Estados Unidos y los bancos centrales de Canadá o Inglaterra redujeron las tasas de interés, pero el Banco Central Europeo (BCE) no se ha movido por el momento, puesto que las suyas ya son muy bajas.

“En 2008-2009 tuvimos la gran explosión de los bancos centrales”, recordó la economista jefa de la OCDE, Laurence Boone. “Necesitamos el mismo big bang, pero esta vez del lado presupuestario”.

En los meses posteriores a la crisis de 2008 los países gastaron masivamente. El déficit presupuestario francés superó el 7% y Estados Unidos incluso nacionalizó al gigante automovilístico General Motors para evitar la bancarrota. Pero a partir de la década de 2010, Europa comenzó a aplicar medidas drásticas de austeridad.

En 2020 se suceden los anuncios para amortiguar el golpe. Alemania, muy apegada a la disciplina presupuestaria, promete apoyar “sin límite” la financiación de la economía real. Queda por ver si estas medidas de emergencia conducirán a políticas de reactivación a largo plazo, o a una vuelta al control del gasto público.

Desde 2008 la globalización ha cambiado de rostro. De hecho, los países emergentes, que durante mucho tiempo han remolcado la economía, se han reforzado. “La riqueza por persona en China es diez veces mayor y los costos son mucho más altos que hace 20 años”, señaló Vicky Redwoord, una economista de Capital Economics.

Frente a la guerra comercial, o por razones de seguridad, financieras o incluso medioambientales, las empresas que se deslocalizaron han comenzado a pensar en cadenas de producción más cortas y simples.

“Esta crisis del coronavirus es un elemento más que explica un giro en la globalización que probablemente presenciaremos”, considera Olivier Blanchard, antiguo economista jefe del FMI, en una entrevista con el semanario francés L’Express.

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