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En el propio Monumental, donde volvió a ganar tras seis jornadas, el equipo de Ramón Díaz se topó con un depreciado rival al que sólo pudo quebrar gracias a un accidente: el gol en contra convertido por José Zelaye a los 10 minutos del primer tiempo.
Ese imponderable fue a la postre el argumento del que se valió para ganar su séptimo partido en el torneo y llegar así a los 23 puntos.
Independiente, en tanto, sigue enfrentado con la fortuna: acumuló su sexta derrota en el campeonato -cuarta consecutiva- y permanece con 9 unidades a un abismo de la vanguardia.
Es cierto que el conjunto de Néstor Clausen sufre una de sus peores crisis futbolísticas de sus últimos años pero también lo fue que no hubo diferencias de juego para justificar el resultado.
River se llevó los tres puntos apenas por una jugada desafortunada y terminó acorralado por un rival al que sólo le queda su rica historia.
El equipo de Avellaneda había empezado mejor por un sistema táctico inteligente, cuya vigencia se extendió hasta el gol.
En ese pequeño lapso había complicado a River con una doble marca sobre D'Alessandro y un dispositivo de tres hombres en el fondo que lo proyectaba como dominador.
Pero la mala fortuna de Zelaye -cabeceó un centro frontal de Ortega que descolocó a Sala- echó por tierra todo el trabajo inicial y obligó a Independiente a cambiar de planes.
Con la inesperada desventaja, el conjunto de Clausen tuvo que proponer un juego más agresivo y rápidamente advirtió que no le iba a ser sencillo porque sus creadores (Guiñazú e Insúa) no lograban asociarse con Vuoso, excesivamente aislado en el ataque.
Entonces River, con el control de la pelota en el medio, empezó a manejar el desarrollo, aunque sin llegar con peligro hasta el arco adversario.
El ligero predominio local se extendió hasta el segundo tiempo, cuando los entrenadores, a partir de los cambios introducidos, cobraron protagonismo.
Clausen acertó con los ingresos de Franco y Cuba, mientras que Díaz se equivocó con la exclusión de Cavenaghi, que dejó en evidencia su poca ambición y expuso a su equipo a un peligroso dominio rival.
Con el aporte de Franco, Independiente equilibró el medio campo y con Cuba sumó mayor presencia ofensiva.
De esa manera creció la figura de Insúa, Independiente mejoró su funcionamiento y transformó en figura a Comizzo, quien lleva 451 minutos sin recibir goles.
El arquero tuvo dos intervenciones vitales para mantener ese invicto al neutralizar un disparo de Bustos y otro de Insúa, ambos de media distancia.
Además, gracias a su constante atención para anticipar la jugada, conjuró otras llegadas antes que se tradujeran en real peligro para su arco.
Y así, sufriendo por la presión de un equipo desdibujado, River facturó otros tres puntos y consolidó su condición de puntero, que no se corresponde con las últimas presentaciones.
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