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18 de junio 2002 - 00:00

Ahora se vienen los cambios

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Si se hace un poco de memoria, el primer grito fue lanzado en México '86 (cuando salió campeón Argentina con Bilardo), porque obligaban a disputar partidos en períodos de verano y al mediodía, cuando el sol se hacía insoportable. Con la aparición de la mutual mundial de jugadores, la FIFA cedió a algunos planteamientos, pero como la gente de Joseph Blatter privilegia este negocio que se produce cada cuatro años, arregla con las ligas la extensión de los torneos regionales, pero en ningún caso con los jugadores.

Entre los cambios a producirse de ahora en más habrá que anotar que las eliminatorias no serán al «estilo sudamericano», de jugar todos contra todos en dos ruedas. Un formato de torneo que obligaba a desarrollarlo con dos años de extensión, que exigía un esfuerzo más allá de lo tolerable de los jugadores que militan en el exterior y soportar las protestas de los clubes a los cuales pertenecen que, «con razón», sostienen que no pueden pagar millones de dólares por sus pases para que luego sean utilizados en un torneo de tamaña prolongación, como en ningún caso ocurre en ningún continente.

Julio Grondona -por las dudas-ya comenzó a mirar los dos frentes: el del nombramiento del nuevo técnico y el de la ponencia que llevará Sudamérica al núcleo director de FIFA con respecto al formato de los campeonatos y a la distancia que deben mediar entre la finalización de los torneos locales y un Mundial, que será en Alemania. Por ahora, en cuanto al tema director técnico, deslizó una serie de pensamientos, señalando tres argumentos: que para hablar del nuevo técnico primero se debe saber cuál será el futuro de Bielsa (lógico); que sería bueno formar una selección con jugadores de nuestro país que estén permanentemente a disposición del cuerpo técnico (en cuatro años, serán seguramente vendidos todos) y que el entrenador que se designe guarde la formas de un fútbol que nos represente e identifique en el mundo (que aparece como una crítica indirecta a la posición tomada por Bielsa) para afrontar los compromisos de eliminatorias y amistosos. La eliminación de algunos equipos clave (o con cartel de candidatos) y lo demostrado por los jugadores más encumbrados de Europa dejaron margen para sacar algunas conclusiones. Una de ellas es que torneos tan exigentes como los europeos, donde los clubes juegan copas, Recopa, eliminatorias y el torneo local, dejan a los jugadores en inferioridad física, sin tiempo para la recuperación y menos para superar lesiones.

En ese sentido, ya habría una media palabra de los máximos directivos mundiales de que entre la culminación de un torneo local y el principio de un Mundial medien no menos de 25 días (extensibles a un mes) y no algo más de una semana, por ejemplo, el caso de Placente que disputó la final entre Real Madrid y Bayern Leverkusen.

El fútbol se ha nivelado en el mundo, pero algunos estudiosos indican que se debe a que -en general-los equipos están «más preparados para destruir que para crear». Eso es lo que lleva a muchos dirigentes a pensar que en el futuro los equipos se conformen con 10 en lugar de 11 jugadores, con el objetivo de dar mayor espacio para la maniobra individual o colectiva.

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