Como era lógico, Independiente salió a presionar en el comienzo del partido, con Giraldo y Torres armando el juego, pero a excepción de un remate de Valoyes que contuvo Barbosa, cuando apenas se había cumplido el minuto de juego, los delanteros colombianos no llevaron peligro.
Ante la pasividad ofensiva de su rival, Banfield le planteó el partido más en la mitad de la cancha y el trámite del juego se hizo trabado y tedioso, con los jugadores colombianos que intentaban manejar la pelota, pero que morían en su propia imprecisión o en la firmeza de Barraza, Sanguinetti y, especialmente, Paletta.
El planteo que efectuó Julio César Falcioni fue tan sencillo como efectivo: entregarles la pelota a los colombianos y esperarlos con dos líneas de cuatro y salir rápido en contraataque. Por esta vía tuvo las dos situaciones más claras del primer tiempo, cuando primero Barijho y después Andrizzi se perdieron el gol cuando estaban solos para definir ante González.
Independiente salió a «matar o morir» en el complemento e inmediatamente Barijho encendió la luz roja en la defensa colombiana cuando estrelló un cabezazo en el travesaño. Era la segunda que se perdía en el partido, y en la tercera no falló. Aprovechó una falla de los centrales colombianos y definió de zurda junto a un palo. Partido definido. Era demasiada diferencia para Independiente porque que tenía que marcar cinco goles (el de visitante vale doble), y más aún porque al orden táctico de Banfield se le agregó su propia impotencia.
Si con el 1-0 era una misión imposible para los colombianos, cuando Paletta venció con un cabezazo a González, lo único que había que esperar era que termine el partido.
Banfield pasó a los cuartos de final y ahora espera a River o por la Liga Universitaria de Quito.
Dejá tu comentario