Gallardo grita su gol ante Banfield, mientras Lucho González y Gerlo se unen al festejo. En un partido duro, fue empate.
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Nadie sabe si a River le vino bien ese 1-1 final que lo hace esperar el partido decisivo en su estadio y en otras condiciones (además de haber hecho un gol que puede valer dos), ni tampoco si le calza bien el empate a Banfield que suele jugar «mejor de visitante», como dicen sus simpatizantes. Si lo poco de fútbol sirve para sacar alguna conclusión, se podría decir que River -cuando tuvo la pelota- fue más criterioso, ordenado y punzante. Los dos tuvieron oportunidades de desequilibrar: los palos, los arqueros y oportunidades fallidas estuvieron divididas en partes iguales; pero Banfield se asentó en el empecinamiento, en el empuje, el corazón, la fuerza física, que River equilibró (y con creces) con el juego sutil de Gallardo y alguna embestida por Farías.
Algo más a la hora de justificar resultados. Por ahora, nada de eso sirvió, y todo quedó para definir en el Monumental dentro de dos semanas y ver cómo quedó Mascherano, luego del tremendo patadón, para incorporarse a la Selección nacional.
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