Las Ferrari entran pegaditas. La diferencia, esta vez, fue que el brasileño Rubens Barrichello vio la bandera de a cuadros primero que Schumacher. No hubo chicanas.
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Sin embargo, más allá del resultado y de la alegría del brasileño, la gran historia del día fue la decisión de Ferrari de abstenerse de dar órdenes a sus pilotos para variar posiciones en los últimos metros de carrera.
En la misma situación que en el Gran Premio de Austria el 12 de mayo pasado (en el que el piloto brasileño lideraba la carrera delante del mayor de los Schumacher y «lo tuvo que dejar ganar»), la escudería no se atrevió a volver a provocar a la FIA (Federación Internacional del Automóvil), tres días antes de la reunión en París del Consejo Mundial, que juzgará el miércoles lo que ocurrió en el circuito A1 Ring.
Para Ferrari, no fue una prueba difícil, ya que Juan Pablo Montoya (Williams-BMW), ganador de la «pole position» en los ensayos clasificatorios del sábado, y David Coulthard (McLaren-Mercedes) se vieron obligados a abandonar tras un intento fallido por parte del británico de superar al piloto colombiano en la vigésimo segunda vuelta.
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