Bielsa se tomó el tiempo para contestarle una carta a un fanático.
Estaba en su casa de Quilmes, supervisando unas obras por las que se había tomado unos días en el trabajo, cuando una sorpresa lo llenó de emoción. A la vieja usanza, el correo le golpeó la puerta y una carta con remitente en Lille, Francia, lo descolocó por completo.
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