Carrario lucha con Joel Barbosa. El delantero de Quilmes jugó un buen partido; el defensor de Boca hizo un gol en contra.
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Lo cierto es que Boca perdió su segundo partido consecutivo en el campeonato y, aunque todavía tiene muchas chances, desperdició dos oportunidades de oro para encaminarse a un nuevo título. Otra vez, al igual que River, priorizó la Copa Libertadores y reservó a todos sus titulares, una situación que ante uno de los equipos más complicados del torneo -como lo es Quilmes-es poco menos que suicida.
Los chicos de Boca intentaron jugar como los grandes: mucha lucha en la mitad de la cancha y manejo de pelota por los costados buscando desbordar para terminar en centros. Sin embargo, hubo una gran diferencia de personalidad entre estos jugadores y los titulares. Faltó la seguridad de Abbondanzieri en el arco para tranquilizar a su defensa; la prepotencia física de Schiavi atrás para ganar en el juego aéreo; el constante luchar o hablar de Cascini en la mitad de la cancha y la contundencia de Tevez en ofensiva. En síntesis, le faltó la columna vertebral que, de haberse conformado, le hubiese dado a Boca otro vuelo. Porque Boca juega de local ante Sao Caetano y entonces no hay que viajar al exterior, que es lo que cansa a los jugadores. En cambio, Bianchi prefirió reservarlos a todos y, esta vez, se equivoco.
Quilmes no por nada es el equipo sensación. Conoce muy bien el libreto que aplica y, por tanto, lo lleva a cabo con mucha capacidad. Tiene una defensa segura y muy alta en estatura.
Un mediocampo con mucha lucha, donde se destaca el chileno Rodrigo Meléndez, un verdadero guerrero, y un ataque con mucha movilidad.
Principalmente, tiene un director técnico (Gustavo Alfaro) que trabaja muy bien las pelotas paradas y sabe sacar ventajas de esas jugadas.
No juega lindo, pero se desempeña muy bien, por eso gana muy seguido y por ahora sigue clasificando en la grilla para jugar las copas internacionales. Boca lo subestimó y por eso se quedó sin nada.
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