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17 de mayo 2002 - 00:00

Boca se despidió de la Copa

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Para Boca, lograr un triunfo en Paraguay era romper un poco con la propia historia de este clásico.

El camino que tomaron ambos equipos no sorprendió. Olimpia buscó desequilibrar en el medio para generar el juego que les permitiera fabricar espacios a los movedizos delanteros Caballero y Báez. Si bien es cierto que no lo consiguió a pleno, también habrá que decir que creó las mejores situaciones para llegar a posición de gol.

Boca acumuló mucha gente atrás, aunque a la hora de defender lo hizo mal, porque Burdisso tuvo demasiados inconvenientes para controlar las embestidas del trío Ortemán-Caballero-Báez, y Schiavi salió siempre mal y a destiempo. En el mediocampo, la pelota deambuló más cerca de Enciso y Quintana que de Traverso y Battaglia.

De todas formas, las pocas veces que Boca logró cortar los circuitos ofensivos, se encontró con otra posibilidad cierta: espacio y tiempo para el contraataque, que no lo supo aprovechar por la inoperancia de Pérez, la imprecisión de Delgado en los últimos metros y una notoria «ausencia» de Balbo, que quizá jugó su último partido con la camiseta azul y amarilla.

El gol de Isasi cambió el planteo de ambos equipos. Boca se vio en la necesidad de salir a buscar el resultado, y Olimpia apostó a la réplica. Riquelme encontró el socio ideal en el juvenil Tévez (ingresó por Balbo), y Boca ganó profundidad de tres cuartos de cancha hacia adelante.

Los dos tuvieron oportunidades de cambiar el marcador, pero no lo consiguieron: Olimpia, por displicente; Boca, porque chocó -como en todo el partido-con sus propias limitaciones.





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