Desprolijidades complots, guerra fría y caos. El fútbol está en crisis y tiene causas y efectos para estarlo. También, culpables y víctimas, aunque todos «le echan la culpa al otro», al mejor estilo argentino.
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El martes, el subsecretario de Seguridad de la provincia de Buenos Aires, Martín Arias Duval, anunciaba que la Policía de la provincia no iba a brindar más servicio de «acompañamiento de las barras bravas», y el gobernador, Felipe Solá, dijo que «esperaba un gesto del Comité Ejecutivo de AFA» y que si éste no llegaba no había más seguridad pública en el fútbol.
El «gesto» de los dirigentes fue no permitir que ingresen los visitantes y aquellos que no son socios ni abonados.
En la provincia dijeron que ellos esperaban «quita de puntos y no eso, pero que estaban conformes con esta medida drástica», y en AFA dejaron trascender que todas estas complicaciones surgían porque hay varios interesados en que Julio Grondona deje su sillón después de 27 años de poder.
El viernes, las cosas se volvieron a complicar después de un complot a su propio gremio armado por un grupo de jugadores que tuvo como cabezas visibles a Juan Sebastián Verón, Martín Palermo y Gustavo Campagnuolo. Se quiso parar el fútbol y no lo lograron por falta de tiempo, pero tuvieron en jaque la continuidad del campeonato hasta dos horas antes de que jugaran Argentinos Juniors e Independiente.
Piquete
En AFA estallaron y sacaron un comunicado en el que les avisaban a las empresas Torneos y Competencias y Tele Red Imagen (del grupo «Clarín») que se abstuvieran de negociar la televisación del fútbol más allá de junio de 2007. Hace más de un año que están discutiendo el nuevo contrato y, mientras, la empresa ofrece 100 millones de pesos por año (ahora paga 92), la AFA quiere 300 y dice tener otra empresa dispuesta a pagar ese dinero. En este conflicto de intereses contra el grupo «Clarín», dicen en voz baja (y no tanto) que en AFA está el germen de todos los males.
Lo cierto es que al gobierno tampoco le cae simpático Julio Grondona y vería con buenos ojos que se fuera de la presidencia de AFA, y que sea reemplazado por José María Aguilar, Carlos Heller o, si no hay otro candidato, el único que se asume opositor, Raúl Gámez.
Ayer, las cosas no mejoraron. Los hinchas de San Lorenzo hicieron un piquete en la concentración del equipo para que éste no pudiera salir a La Plata a jugar ante Racing «a puertas cerradas». Algo parecido, aunque con menor presencia de hinchas, pasó en el Hotel Panamericano, donde estaba concentrado Racing. Los jugadores se comunicaron entre ellos y decidieron no jugar; 15 minutos después, salió la AFA y suspendió el partido por razones de fuerza mayor, ante la no actuación de la Policía, que adujo la falta de la presencia de un fiscal, que no garantizaba la salida pacífica de los jugadores.
Aunque dos horas después salió el fiscal general adjunto de la Ciudad de Buenos Aires, Luis Cevasco, a decir: «El partido no se jugó porque los planteles no quisieron viajar a La Plata. La Policía garantizó siempre la salida de los jugadores de sus concentraciones».
En seguida empezó otra «conspiración». Esta vez, la voz cantante y «sonante», porque tuvo que renunciar, fue el secretario general de Futbolistas Argentinos Agremiados, Jorge Domínguez, quien anunció un «paro general» para ese mismo domingo. En principio, los jugadores acataron la medida y hasta defendieron la postura del gremio, pero cuando se enteraron de que la AFA no suspendía la fecha y anunciaba que el que no se presentara perdía los puntos, cambiaron su postura y lo dejaron desprotegido a Domínguez, que tuvo que renunciar.
Ahora empieza una semana que será tan difícil como la que terminó. Los jugadores se juntarán en el gremio y pueden decretar un paro aduciendo falta de seguridad y, de paso, pidiendo que los espectadores puedan volver a la cancha». Por otro lado, se reunirá el comité ejecutivo de AFA para analizar lo que pasó el fin de semana y, seguramente, cambiará el reglamento de transgresiones y penas para que haya descuento de puntos en caso de violencia en las tribunas.
El fútbol es una olla a presión y está a punto de estallar.
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