Aquellas canchitas del Estrella Roja fue la universidad en la cuál Diego Maradona comenzó su carrera hasta recibirse como el mejor futbolista del mundo y darse el lujo de dejar a su “mesías” y sucesor: Lionel Andrés Messi.
Cuando apenas tenía 9 años, su amigo Gregorio “Goyo” Carrizo lo convenció de ir a probarse a Argentinos Juniors. A pesar del día lluvioso, Diego deslumbró al entrenador Francisco Cornejo. A partir de ese momento nació la mística categoría "Los Cebollitas", la clase 1960 del Bicho de la Paternal, con Maradona como capitán y figura. Los Cebollitas alcanzaron un récord histórico de 136 partidos invictos, ganando el campeonato de octava división en 1974 y sobresaliendo en torneos nacionales e internacionales.
Pronto, su habilidad con la pelota llamó la atención de los medios. El 28 de septiembre de 1971, a los diez años, apareció por primera vez en un diario argentino, donde lo describieron como "un pibe con porte y clase de crack", pero fue presentado como "Diego Caradona".
De los Cebollitas, Diego era el que más llamaba la atención. Su habilidad con la pelota era tal que en los entretiempos de los partidos en los que jugaba la Primera de Argentinos, entretenía al público haciendo malabares con su eterna novia, la pelota.
Todos comenzaban a preguntarse cuándo ese chico de rulitos iba a debutar en la Primera. Y ese día llegó, fue el 20 de octubre de 1976 por el Campeonato Nacional. Argentinos perdió por 1-0 ante Talleres de Córdoba. Diego Maradona ingresó en el complemento con la casaca 16 en lugar de Rubén Aníbal Giacobetti.
El técnico Juan Carlos Montes le dijo “Juegue como lo hace en los entrenamientos, como usted sabe, y si puede tire un caño”. Y Diego no lo defraudó, ya que en una de las primeras jugadas le metió un caño a Juan Cabrera.
Hubo que esperar algunas fechas más para que llegara su primer gol en Primera: el 14 de noviembre, Pelusa marcó frente a San Lorenzo de Mar del Plata.
Con Argentinos Juniors jugó, entre 1976 y 1980, un total de 166 partidos y marcó nada menos que 116 goles. Maradona se consagró como máximo anotador del fútbol argentino en los torneos Metropolitano 1978, Metropolitano y Nacional 1979 y Metropolitano y Nacional 1980.
En el campeonato de Primera de 1980, de la mano de Maradona, el Bicho terminó en el segundo puesto de la tabla, con 42 puntos, quedando a nueve unidades de River.
En 1979, se consagró campeón del Mundial Sub-20 en Japón, un hito inédito para la categoría, y más tarde obtuvo su primer título en clubes con Boca.
Tras dos temporadas en el Xeneize, fue transferido al Barcelona por 7,2 millones de euros, cifra récord en aquel momento. En el club catalán jugó dos temporadas y aunque había expuesto parte de su calidad, en el equipo culé no se habían visto del todo convencidos con el 10, a raíz de algunas conductas extra futbolísticas, lesiones (hepatitis y fractura de tobillo) y suspensión al protagonizar una violenta pelea luego de perder una final. Por todo eso,. La dirigencia del Barcelona en 1984 empezaron a considerar seriamente venderlo.
Ahí apareció entonces Corrado Ferlaino, presidente del Napoli, que necesitaba sacar a su club de un pésimo momento económico. Justamente esa realidad es la que hace tan insólito el hecho de que Diego Armando Maradona pasara al conjunto italiano. Resulta que Ferlaino aprovechó los desencuentros que existían entre Pelusa y la dirigencia del Barça, habló con el representante Jorge Cysterpiller y empezó a realizar un trabajo fino.
El momento cúlmine en la carrera de Diego Maradona, levantando la Copa del Mundo conquistada por la Selección Argentina en México '86.
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En Napoles nació el mito
El calendario marca que un 5 de julio de 1984, con 23 años, Diego Maradona, que ya había mostrado parte de su talento y que era uno de los fenómenos más codiciados del fútbol llegaba a Napoli. Y lo mejor estaba por venir.
La Societá Sportiva Calcio Napoli era un club pobre, en una ciudad pobre y con rendimientos pobres. Sin embargo a Diego Maradona eso no le importó. Todo lo contrario, le encantó afrontar el desafío. Y el 5 de julio de 1984, mientras lo aplaudía un Estadio San Paolo colmado, saludó a los hinchas que ya lo consideraban un ídolo, aunque aún no se hubiera puesto su camiseta.
En Nápoles nació el mito. Maradona revolucionó el fútbol italiano y, en siete años, condujo al club a conquistar cinco títulos. El Napoli, que jamás había ganado un Scudetto, se alzó con dos bajo su liderazgo, transformando para siempre su historia.
Maradona también fue un jugador con un nivel único cada vez que se puso la camiseta de la Selección argentina, a la que guio hacia la gloria en el Mundial de México 1986, protagonizando una de las mejores actuaciones individuales en la historia de esta competencia.
Estuvo muy cerca de conseguir el bicampeonato mundial en Italia 1990, pero la Selección argentina dirigida por Carlos Salvador Bilardo terminó cayendo en la final ante Alemania, por el penal cobrado por el árbitro mexicano Edgardo Codesal, en una jugada en que buena parte del mundo del futbol reconocen que no fue falta.
En marzo de 1991, tras un partido con el Nápoli ante el Bari, dio positivo en un control antidopaje por consumo de cocaína. Recibió una sanción de 15 meses de suspensión por parte de la Federación Italiana de Fútbol, lo que precipitó su salida abrupta del club italiano.
Su paso por Nápoli fue mucho más que la presencia de un enorme jugador de fútbol. Maradona marcó como nadie los contrastes entre el Norte poderoso y el Sur humilde. Y por un tiempo, con la pelota de por medio, no sólo puso a Nápoli a la par de los más grandes: en muchos momentos, los superó. A Napoles llegó como un hombre y se fue como un Dios.
Tras ese parate, jugó una temporada en el Sevilla, tuvo un breve paso por Newell’s Old Boys y regresó a la Selección Argentina para disputar su último Mundial, en 1994. Tras la victoria sobre Nigeria en Estados Unidos, fue retirado del campo por Sue Carpenter, quien en realidad no era enfermera. El control antidopaje arrojó positivo en cinco derivados de efedrina, droga legal en el deporte local, y la FIFA lo suspendió nuevamente por quince meses.
Durante esa última sanción, ejerció como director técnico de Racing y Deportivo Mandiyú. Volvió a las canchas en 1995 para vestir otra vez la camiseta de Boca, pero su interrumpió nuevamente su carrera.
En 1997, realizó su última vuelta a Boca, se despidió dentro del campo y, tras un nuevo test positivo y una suspensión impuesta por la AFA que nunca se aplicó, anunció el fin de su trayectoria el día en que cumplió 37 años.
A partir de ahí comenzó su carrera como entrenador, pasando por la Selección Argentina, por los Emiratos Árabes, México y Bielorrusia. Hasta que en 2019 volvió al país a dirigir Gimnasia y Esgrima la Plata.
En 2020 llegó la pandemia y su cumpleaños Nº 60 fue el más triste y el último. Un 25 de noviembre de ese año como consecuencia de un “edema agudo de pulmón secundario a una insuficiencia cardíaca crónica reagudizada” el D10s del fútbol abandonaba la tierra para seguir jugando en la eternidad de la memoria del universo futbolero.