Es verdad que a nadie le gusta perder, y menos a una tremenda ganadora como la estadounidense Serena Williams. La exnúmero 1 del tenis femenino libró toda su furia minutos antes de quedar eliminada del Abierto de Australia.
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Cuando la joven promesa Sloane Stephens se colocó 2-1 arriba en el set definitivo, Serena se descargó con su raqueta, la golpeó varias veces contra el piso, la rompió y luego la arrojó desde lejos a su banco. Si bien ha tenido antecedentes de discusiones, advertencias por hablar de más y hasta insultos, este tipo de comportamiento sobre sí misma es atípico en la menor de las hermanas Williams.
"Casi me siento aliviada de que todo haya terminado Sentí que poco más podía hacer", dijo luego de caer.
En parte, su frustración se debió a los dolores por diferentes lesiones. En su debut en el primer Grand Slam del año, tropezó y se dobló su tobillo derecho, que la tuvo a mal traer todo el torneo. En el partido de cuartos, fue la espalda, que no le permitió jugar en forma correcta.
"Entre el tobillo, que cada día estaba más hinchado y la espalda, que me empezó a doler, tenía molestias en todas partes. Es verdad que a estas alturas todos tienen alguna molestia. No es una excusa. Pero la espalda me dolía de verdad. No podía girar", concluyó Williams, que en este último partido, tuvo poco de Serena.
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