Lionel Messi se abraza con Agüero festejando el primer gol.
Los dos cumplieron en la red, pero quedaron en deuda con
el juego. La Selección le ganó a Uruguay con lo justo.
Lo más importante de la Selección fue sacarse la mochila de los 5 partidos sin ganar. El triunfo ante Uruguay trajo alivio, aunque el equipo siguió mostrando muchos claroscuros.
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La defensa siguió siendo el punto más flojo, a pesar del esfuerzo denodado de Mascherano y Cambiasso para tratar de tapar todos los huecos. Heinze perdió toda la tarde con Luis Suárez. Demichelis jugó su peor partido desde que se estabilizó en la Selección. Perdió siempre en el juego aéreo y cuando salió a buscar fuera del área, pagó permanentemente. Eso que Basile tomó la precaución de defender con cuatro, porque si no, de contraataque Uruguay hubiera hecho mucho daño.
Riquelme fue el eje del buen juego de los primeros 25 minutos, la primera que tocó fue el pase gol a Messi, y mientras «tuvo gasolina», circuló la pelota con precisión y se mostró siempre para recibir. Pero con el correr de los minutos, se fue desinflando y equivocando en los pases, por lo que fue bien reemplazado por Basile. En cambio, su reemplazante, el «Lobo» Ledesma, le dio aire fresco al equipo con su precisión para tocar y desmarcarse, y fue por varios minutos el eje del equipo.
El otro problema que se le ve a este equipo es la pasividad de sus figuras. Messi se estacionó como puntero derecho y después del gol estuvo como 20 minutos sin participar del juego. Riquelme las pidió todas de entrada, pero después también se paró a la izquierda de Cambiasso y jugó en 20 metros. Lo mismo para Agüero metido entre los zagueros uruguayos como si midiera 1,90 y perdiendo en el roce.
Lo importante del partido con Uruguay era ganar, y se logró ante una selección que no escatimó pierna fuerte; ahora tiene que mejorar su juego.
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