Marruecos define este miércoles un nuevo Parlamento en una elección que excede ampliamente la política interna. El próximo Gobierno tendrá bajo su responsabilidad buena parte de la ejecución de uno de los mayores programas de inversión en infraestructura de la historia reciente del país y la organización de su participación en el Mundial 2030, que compartirá con España y Portugal. Además, deberá continuar una disputa que ya adquirió una dimensión política y económica: la pelea con España por quedarse con la final de la Copa del Mundo.
El partido decisivo es el principal objetivo de Marruecos. El país africano quiere llevarlo al nuevo estadio Hassan II, en la provincia de Benslimane, cerca de Casablanca, un proyecto que contempla una capacidad de 115.000 espectadores y que aspira a convertirse en uno de los escenarios deportivos más importantes del mundo.
La FIFA todavía no tomó una decisión sobre la sede de la final. España sostiene que el encuentro debe disputarse en su territorio y la Real Federación Española de Fútbol (RFEF) mantiene su ofensiva para que Madrid sea la sede elegida. Su presidente, Rafael Louzán, afirmó que España cuenta con las condiciones organizativas necesarias para recibir el partido decisivo y que la federación trabajará para conseguirlo.
Del otro lado, Marruecos elevó la apuesta. Fouzi Lekjaa, presidente de la Federación Marroquí de Fútbol, ministro delegado encargado del Presupuesto y responsable del comité organizador marroquí del Mundial 2030, afirmó recientemente que la provincia de Benslimane tendrá el honor de organizar la final. De esta manera, el dirigente convirtió al nuevo estadio de Casablanca en el principal argumento de la candidatura marroquí.
La particularidad es que Lekjaa no solo está al frente de la organización deportiva. También acaba de dar un paso decisivo en la política nacional al incorporarse a la conducción del Partido de la Autenticidad y la Modernidad (PAM), una de las principales fuerzas de la actual coalición de Gobierno junto con la Agrupación Nacional de Independientes (RNI).
Una victoria del PAM podría colocar a Lekjaa en una posición todavía más relevante dentro del próximo Ejecutivo y permitirle continuar desde el Gobierno la estrategia para que Marruecos sea sede de la final. La elección, por lo tanto, tiene una relación directa con el proyecto mundialista: el Parlamento que surja de las urnas tendrá que administrar la etapa final de un gigantesco programa de inversiones y preparar al país para recibir el torneo.
Marruecos está destinando aproximadamente u$s20.000 millones a infraestructura relacionada con el período 2024-2030, de acuerdo con las estimaciones del Fondo Monetario Internacional (FMI). El programa alcanza unos 190.300 millones de dirhams, alrededor de los u$s70,879 millones y representa cerca del 12% del PIB marroquí de 2024.
El dinero no está destinado únicamente a los estadios. Una parte sustancial se dirige a los ferrocarriles, que concentran alrededor de la mitad del programa de inversión, mientras que los aeropuertos representan cerca del 20% y los estadios aproximadamente el 19%. También están contempladas carreteras, infraestructura urbana y proyectos turísticos.
El Mundial funciona así como un acelerador de una transformación económica que Marruecos ya había puesto en marcha. El país está ampliando su red ferroviaria, modernizando aeropuertos, construyendo y renovando estadios y desarrollando infraestructura turística con el objetivo de aprovechar la llegada de millones de visitantes.
La apuesta también alcanza a la hotelería. Marruecos proyecta sumar unas 60.000 plazas hoteleras adicionales antes de 2030, lo que representaría un incremento de aproximadamente 20% sobre su capacidad actual. El objetivo oficial es alcanzar 26 millones de turistas en 2030, frente a los casi 20 millones registrados el año pasado. El turismo representa alrededor del 7% del PIB del país, por lo que el Mundial es considerado una oportunidad para aumentar el ingreso de divisas y generar actividad en sectores como hotelería, transporte, gastronomía y entretenimiento.
La magnitud del proyecto explica por qué la elección parlamentaria adquiere una importancia especial. Cerca de 27 millones de marroquíes tienen edad para votar, aunque solo 15,8 millones están registrados en el padrón electoral, una cifra inferior a la de 2021. La participación juvenil será seguida especialmente porque el Gobierno enfrenta un creciente descontento por el empleo, los salarios, la vivienda, los precios de los alimentos y el acceso a los servicios públicos.
El Barnabeu y el Camp Nou son los estadios propuestos por España para disputar la final del Mundial 2030. Sin embargo Marruecos también quiere el partido decisivo y está construyendo el Hassan II, el estadio más grande del mundo.
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Los dos principales partidos de la actual coalición, el RNI y el PAM, prometieron crear alrededor de un millón de puestos de trabajo durante los próximos cinco años, además de mejorar salarios, vivienda y hospitales. La campaña, sin embargo, estuvo marcada por las diferencias entre ambas fuerzas y por sus críticas cruzadas respecto del aumento del costo de vida.
El sistema político marroquí también tiene una particularidad. El país es una monarquía constitucional y la Cámara de Representantes cuenta con 395 escaños. El rey Mohammed VI designa al primer ministro del partido que obtiene la mayor cantidad de bancas, que luego debe negociar una coalición y presentar a los integrantes del Gobierno para su aprobación real. La monarquía conserva, además, amplias atribuciones sobre áreas estratégicas como la política exterior, la defensa y otros ámbitos centrales del Estado.
Mientras Marruecos prepara esa nueva etapa, España mantiene su propia ofensiva por la final. La RFEF sostiene que el partido decisivo debe disputarse en territorio español y Madrid aparece como uno de los principales candidatos para recibirlo. Louzán insistió en que España tiene una capacidad organizativa "incuestionable" y defendió que la final debe jugarse allí.
En la política española también aparecieron señales de tensión. El alcalde de Madrid, José Luis Martínez-Almeida, sostuvo que si la final no se disputa en la capital habría que replantear distintos aspectos de la organización española del Mundial. Sus declaraciones reflejan hasta qué punto el partido decisivo se convirtió en un asunto de interés político y económico.
España también tiene una fuerte exposición económica al torneo. Las estimaciones citadas para su candidatura contemplan unos u$s1.600 millones de inversión en infraestructura, con un impacto económico superior a u$s5.800 millones y la creación de más de 80.000 empleos de tiempo completo relacionados con el evento.
La FIFA, sin embargo, todavía no definió dónde se disputará la final. Las versiones sobre una supuesta decisión a favor de Marruecos fueron desmentidas y tanto la federación española como el Gobierno mantienen públicamente su intención de que el partido se juegue en España.
La disputa, de esta manera, está lejos de ser solamente futbolística. Para Marruecos, el Mundial 2030 forma parte de una estrategia de desarrollo que incluye US$20.000 millones en infraestructura, nuevos estadios, ferrocarriles, aeropuertos, hoteles y turismo. Para España, representa también una oportunidad de inversión y actividad económica, con Madrid como uno de los principales escenarios buscados para el partido más importante del torneo.
En el centro de esa pulseada está Lekjaa, un dirigente que concentra tres posiciones estratégicas: ministro de Presupuesto, presidente de la Federación de Fútbol y responsable de la organización marroquí del Mundial. Su nuevo papel político podría darle todavía más influencia en una negociación que, aunque la FIFA aún no resolvió, ya enfrenta a los dos principales socios europeos y africanos de la Copa del Mundo de 2030.
La elección de este miércoles determinará quién administrará la etapa final de ese megaproyecto y, en paralelo, quién tendrá la responsabilidad política de continuar la ofensiva marroquí para llevar la final al estadio Hassan II.
Detrás de los 90 minutos del partido más importante del Mundial hay una disputa por miles de millones de dólares, infraestructura, turismo, empleo y posicionamiento internacional.