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6 de diciembre 2022 - 10:14

Otamendi y Di María son sobrevivientes

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Si bien Claudio Tapia le había hecho un contrato quinquenal a Jorge Sampaoli, la realidad es que, después de la implosión post Rusia 2018, estaba convencido de que Leonel Scaloni iba a terminar siendo el DT de la Selección argentina. Sabía que Beccacece iba a renunciar y que Sampaoli no tenía ya espacio para seguir.

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Scaloni se había mantenido en su cargo --era el segundo ayudante del entrenador principal-- y durante el Mundial pasado, se acercó al presidente de la AFA. Tapia lo escuchó hablar de fútbol, de táctica y estrategia, de visiones generales del futbol mundial y, sobre todo, de la renovación de futbolistas de la Selección Argentina. Este era un tema clave: la nueva generación de futbolistas.

Argentina venia de una generación brillante de futbolistas, acaso la última generada por el trabajo de José Pekerman. Y, además, llegaba de cierto abandono en los planteles juveniles. De hecho, en la lista de buena fe del Mundial de Rusia, solo dos futbolistas habían pasado por selecciones juveniles en los años previos a la competencia. Uno era Nicolás Tagliafico y el otro, Cristian Pavón.

Había que armar una nueva Selección y no había una base en la que apoyar la construcción, como si la hubo durante los dorados años juveniles de Pekerman y Tocalli. Además, lo de Rusia generó un humor social negativo con respecto a los equipos nacionales. El desorden institucional que los cuadros argentinos sufrieron entre 2016 y 2018 hizo que la gente se cansara y que, peor aún, demonizara a futbolistas legendarios, como Mascherano, el Kun Agüero, Di María, Higuaín y todo aquel que estuviera ligado a los que “perdieron las tres finales”.

Scaloni quedó como interino --acaso sabiendo que, salvo una catástrofe, iba a ser el DT definitivo-- y confeccionó una lista de jugadores a convocar. Esta nómina tenía algunos futbolistas que hoy son hallazgos (De Paul, Paredes, Lautaro y Lisandro Martinez), obviamente a Messi y jugadores que “podrían ser”. En esa lista, no estaban los jugadores que la gente cuestionaba, los de la “generación de las tres finales”. Entre ellos, Agüero, Di María y Otamendi. Mascherano, Higuain, Biglia, Lavezzi y algunos mas se habían bajado de la Selección.

Scaloni recién fue confirmado en el último día de julio de 2019, después de que el presidente de la AFA semblanteara la aceptación que podía tener el equipo en la opinión pública tras el tercer puesto en la Copa América 2019.

Pero, antes de eso, Scaloni tuvo un gesto que hoy cobra una dimensión que entonces no podía dimensionarse. Escuchó que tenían para decir los de la vieja guardia que todavía querían estar en la Selección, incluso al Kun, con quien había tenido un grave altercado en un entrenamiento en el accidentado Mundial de Rusia.

Entre ellos estaba Nico Otamendi, jugador del Manchester City hasta 2020 y titular indiscutido del Benfica desde entonces. Otamendi jugó el Mundial 2010 (terminó haciéndolo de lateral derecho en el 0-4 con Alemania), pero quedó fuera del Mundial 2014 en uno de los últimos cortes y fue “marcado” como uno de los que perdió las dos finales con Chile. En aquel equipo de Martino formaba una dupla de centrales estupenda con Ramiro Funes Mori. Otamendi se caracteriza por armar buenos tándems defensivos. Lo hizo en Vélez con Sebastián Domínguez, en Valencia con el alemán Mustafi, en Manchester City (jugó 210 partidos y salió campeón 9 veces) con Vincent Kompany, sobre todo, y en la Selección, con el ya mencionado Funes Mori, con Marcos Rojo y, últimamente, con Lisandro Martínez. Tantas duplas exitosas podrían llevar a pensar que la fortaleza anímica y física de Otamendi, mas la técnica mejorada en el City, lo convierten en un “mejorador” de compañeros. Y tiene una virtud que comparte con muy pocos: juega con igual eficacia de primer central, de segundo, en línea de cuatro o en linea de tres centrales. Es un futbolista excepcional, acaso no valorado aún en su justa dimensión.

Otamendi regresó al equipo nacional el 8 de junio de 2019, en un amistoso previo a la Copa América de ese año. En una gira anterior, Scaloni había probado con línea de 3 (Foyth, Mercado, Lisandro Martinez) en un 1-3 con Venezuela y con dos centrales, Pezzella y Kannemann, en un 1-0 ante Marruecos. Otamendi apareció de segundo central, formando dupla con Juan Foyth, en un 5-1 contra Nicaragua en San Juan. Todavía estaba en el Manchester City, haciendo dupla ahora con John Stones, aunque ya no era tan firme su titularidad en el equipo de Guardiola. Pese a eso, Otamendi se quedó en la Selección. En octubre de 2020, Nico se fue del City al Benfica. Algunos vieron el paso de la Premier a la Liga Portuguesa como un retroceso, pero no lo era. Por el contrario, en el equipo rojo de Lisboa, Otamendi recuperó una continuidad que Pep ya no podía asegurarle.

Scaloni lo convocó para jugar la Copa América 2019 y se convirtió --si es que alguna vez dejó de serlo-- en un líder insustituible del equipo nacional, por carácter, por su espíritu invencible y, obviamente, porque concentra condiciones de los grandes zagueros argentinos. No parece una casualidad que use el numero 19 en la camiseta, el mismo que llevaron Passarella en 1978 y Ruggeri en 1986. Es un dignísimo heredero de ellos porque significa para el equipo lo mismo que significaban Daniel y el Cabezón para sus selecciones.

Ángel Di María la tuvo mas complicada en este ciclo, a pesar de que cada fin de semana o cada miércoles veíamos sus hazañas en la liga que jugara o en Champions. Fideo fue Campeón Mundial Sub 20 en 2007, hizo el gol que nos dio la segunda Medalla Olímpica de la historia en Beijing 2008, llegó a la final del Mundial 2014 (no estuvo por lesión, pero participó activamente del recorrido) y fue integrante del equipo que disputó y perdió las finales de las Copas América 2015 y 2016. La cuenta del desastre de Rusia 2018 también llegó a la mesa de Di María.

A diferencia de Otamendi, a Fideo se lo castigó mas por las lesiones en las finales perdidas y por ese fracaso ruso, con Messi, Mascherano, Biglia y Agüero en la cancha. Era demasiado. Al igual que Otamendi, Di María --otro que estaba en la lista inicial de los que había que reemplazar-- regresó al cuadro nacional en el amistoso con Nicaragua previo a la Copa América 2019, pero con una diferencia sustancial: Fideo fue suplente y no entró.

En cambio y, acaso sorpresivamente, Di María fue titular en el debut de la Copa América 2019, en la derrota ante Colombia 0-2. En el entretiempo, Scaloni lo sacó y puso a De Paul. Fideo sabia que encabezaba la lista de la renovación y ese cambio en el vestuario lo exponía. Seguramente dijo algo, o miró de mala manera al DT. Lo cierto es que no volvió a ser titular y Scaloni no volvió a convocarlo durante bastante tiempo. Tampoco lo llamó para el inicio de las Eliminatorias para el Mundial 2022, en la doble jornada que enfrentaría a Argentina con Ecuador y Bolivia. La ausencia de una lista tan importante como la de un futbolista esencial a una convocatoria para empezar el camino a un Mundial siempre hace ruido. Pero Fideo cambió ese ruido por un sonido más amigable, en una entrevista que dio el 25 de septiembre de 2020 al programa F90, por ESPN.

Tengo el número de Scaloni y mi relación con él es buena (...) Nunca pregunté por qué me ponían, no voy a preguntar por qué no me ponen (...) Hay amigos que me dicen ‘quedate tomando un té frente a la Torre Eiffel’, pero yo prefiero usar la camiseta argentina aunque me puteén 45 millones de personas (...)

Esta declaración hizo que volvieran a hablar Scaloni y Di María sobre un potencial regreso de Ángel al cuadro nacional. Fue el definitivo. Di María se afirmó en el grupo, fue tan importante él para sus compañeros más inexpertos como la sangre nueva para él. El gol que le dio a Argentina la Copa América de 2021, ante Brasil y en el Maracaná, es un premio que Di María merecía como nadie. “Es uno de los futbolistas más importantes de la historia de la Selección Argentina”, dijo hace poco Menotti y tiene razón.

Los hinchas suelen ser mas crueles con la Selección que con sus clubes y ni hablar con los jugadores del equipo celeste y blanco. Di María jugó, hasta el 2-0 contra Polonia en el Estadio 974, 129 partidos con la camiseta argentina. Es un jugador fundamental del futbol argentino que no necesitaba ser legitimado por un título ni por un gol definitorio. Pero, sin embargo, convenció al DT de que estaba bien la renovación de futbolistas, pero con él todavía no, convenció a la gente de que, si Messi es el As de Espadas, él es el As de Bastos y que es mejor que no falte, convenció a algunos periodistas que, hasta la previa de la final con Brasil, pedían que Di María no jugara o le achacaban errores de otros jugadores...

Nicolás Otamendi y Ángel Di María son dos sobrevivientes de la generación anterior. Fueron contraculturales, nadaron contra la corriente, contra una decisión institucional, contra una opinión pública influenciada de manera brutal por la fuerza de los medios. Pero están acá, en Qatar, disfrutando de ser pedidos o tratados de imprescindibles por los mismos que los descartaban después de Rusia 2018.

Fideo y Ota son tan pero tan grandes que están acá, intentándolo de nuevo. Sobreviviendo.

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